Tiempo de Aprender 22-10-2018

Por Redacción GrandesELD | En fecha: 22 octubre, 2018

Por Carlos José Lugo
Twitter: @CarlosJLugo

Assistant GM Tigres del Licey. Comentarista y escritor deportivo. Co-host Grandes En Los Deportes.

1968 y los dos lanzadores que ganaron el MVP – II

Al momento en que Bob Gibson inició su histórica y genial temporada en 1968 era ya un veterano y laureado lanzador de 31 años y que además había sido el héroe de dos Series Mundiales, consiguiendo el premio de Jugador Más Valioso en los clásicos de 1964 y 1967, en que los Cardenales de San Luis derrotaron a Yankees de Nueva York y Medias Rojas de Boston respectivamente.

En el caso de Denny McLain de los Tigres de Detroit, quizás lo más destacable de su joven carrera – McLain tenía 24 años en 1968 – era un estilo de vida puede que hasta un tanto escandaloso. Pero no se podía dudar que el derecho era un lanzador de talento. En 1965 tuvo record de 16-6, 2.61 y 192 ponches, en el ’66 consiguió 20 triunfos con 14 derrotas, aunque la efectividad subió a 3.92 seguido de 17-16, 3.79 en 1967. Al año siguiente finalmente McLain empezó a poner las cosas juntas. Sus dos primeras aperturas de la temporada fueron sin decisión aunque lanzando 7 buenas entradas en cada una de ellas. A partir de ese momento, con unos Tigres en un tremendo arranque, McLain ganó cinco aperturas consecutivas, todas de partido completo incluyendo una blanqueada. El ritmo no cambiaría el resto de la temporada regular. Al final su record fue de 31 victorias 6 derrotas, 1.96 encabezando la Liga Americana en victorias, juegos completos (28), entradas lanzadas (336) y quedó segundo en ponches con 280 detrás del líder Sam McDowell. Las 31 victorias de ese año representaron el mayor total en las grandes ligas desde que Dizzy Dean de San Luis obtuvo 30 en 1934.

McLain ganó el Cy Young y también el MVP de forma unánime, a diferencia de Gibson que el segundo de estos premios obtuvo 14 de 20 votos de primer lugar superando a Pete Rose que obtuvo los próximos seis. La pregunta de lugar, tal y como la hicimos con Gibson es ¿fue realmente McLain el mejor jugador y el que aportó más valor en su liga? Empecemos por el Cy Young, premio que resultaría difícil de cuestionar para un hombre que ganó 31 juegos con 1.96 de efectividad. Como decíamos en la entrega anterior, 1968 fue una temporada muy singular, en la cual el dominio de los lanzadores fue total y la producción ofensiva cayó a sus niveles más bajos desde la era de la bola muerta. McLain fue un lanzador brillante, pero la realidad es que él no fue el único, como tampoco lo fue Gibson en la Liga Nacional. La diferencia es que, obviando por un momento las 31 victorias, hubo por lo menos un lanzador tan fenomenal o quizás más que McLain y ese fue el cubano Luis Tiant. En el ’68 Tiant tenía su brazo totalmente saludable y una bola rápida en su punto y tirando para los Indios de Cleveland terminó con marca de 21-9, 1.60 en 34 partidos. Tiant fue líder de la liga en PCL y blanqueadas (9) ponchando 264 bateadores en 258 entradas lanzadas. Tiant estaba teniendo tan buen año que fue él y no McLain, el abridor en el Juego de Estrellas por la Liga Americana. En las dos versiones de las WAR el cubano superó al eventual ganador del Cy Young y el MVP: 7.8 versus 7.3 de McLain en la versión B-Ref y 7.4 versus 7.2 en Fangraphs. Tomando en cuenta las 31 victorias y el hecho de que McLain tuvo una carga de trabajo más amplia que Tiant tirando una pelota súper-efectiva, digamos que la pequeña diferencia en WAR no necesariamente hace del antiguo as de los Tigres una decisión injusta.

En el caso del premio al MVP – que reiteramos, fue unánime – también hay un poco de tela por donde cortar. Aun teniendo en cuenta las enormes desventajas con la que lidiaron los bateadores ese año, la Liga Americana llevó el asunto a niveles extremos. Solamente un jugador, con turnos para calificar por el título de bateo, pudo conseguir un average de .300 o más y ese fue Carl Yastrzemski de los Medias Rojas de Boston que bateó .301 y por su puesto obtuvo el campeonato de bateo. El Yaz pegó 23 jonrones y remolcó 74 con 32 dobles, pero recibió además 119 bases por bolas, líder y encabezó la liga también en OBP con un excelente .426, incluso embasandose más que su temporada anterior de MVP donde ganó la Triple Corona. En una liga con un entorno ofensivo absolutamente deprimido, en donde el valor relativo de una carrera ha sido el más grande desde que se introdujo la bola viva, Yastrzemski “creó” 121 carreras solamente con su ofensiva. Si a eso le agregamos su defensa calibre Guante de Oro en los jardines, el resultado es el jugador de mayor número de WAR en la liga ese año en las dos versiones: 10.5 en B-Ref y 9.3 en Fangraphs. Yastrzemski pierde el MVP por dos razones fundamentales, ambas resultado de la falta de sofisticación en el análisis de los votantes de entonces. La primera son los números superficiales. Viniendo de una temporada de 1967 donde había ganado la Triple Corona con .326-44-121, era imposible convencer a la gente de que Yaz había tenido una temporada extraordinariamente efectiva en el ’68 porque simplemente el declive en los números era demasiado evidente. Claro, todo es fruto del contexto. Yastrzemski siguió siendo el mejor jugador de la Liga Americana y su mejor bateador, solo que en un mundo diferente. Y en una temporada dominada por el pitcheo, los periodistas no podían imaginar a un bateador de .301 como el MVP al lado de un pitcher que ganó 31 juegos. El segundo factor, claro está, fue la tabla de posiciones. Detroit ganó el pennant paseando la distancia con ventaja de 12 juegos y los Medias Rojas llegaron en un lejano cuarto lugar a 17 juegos de los felinos de McLain.

Al final fue la tormenta perfecta. Si bien existen pruebas numéricas de que al menos tres o cuatro jugadores – entre ellos lanzadores – aportaron mayor valor que McLain, su impacto esa temporada dejó muchas huellas y a 50 años del suceso abrir un debate cuestionando el premio realmente no nos llevaría a ningún lado. En la Serie Mundial Gibson y McLain se vieron las caras dos veces. En el primer juego del clásico Gibson ganó 4-0 por blanqueada estableciendo nueva marca de ponches en un juego de Serie Mundial con 17. McLain permitió tres vueltas en el cuarto inning y se retiró después de 5 episodios. En el cuarto encuentro de la serie Gibson de nuevo salió con la mejor parte completando otro juego con 10 ponches y McLain salió explotado en el tercer episodio con cuatro vueltas permitidas en una derrota 10-1. Pero el controversial derecho regresaría en el sexto juego con dos días de descanso y con un juego completo ayudó a los Tigres a empatar la serie a tres juegos creando la posibilidad de un séptimo juego que a Gibson le tocó perder esta vez 4-1 ante Mickey Lolich.






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