Los Dodgers de Los Ángeles empiezan a ver más cerca el regreso de Edwin Díaz. El cerrador puertorriqueño dio un paso importante en su recuperación al lanzar su primera práctica de bateo en vivo desde que fue sometido a una cirugía para remover cuerpos sueltos del codo derecho.
La sesión llegó antes del último partido de la serie contra los Padres en el Dodger Stadium y representó una señal alentadora tanto para el jugador como para la organización. Díaz enfrentó a Alex Freeland y al también boricua Enrique “Kike” Hernández, quien a su vez continúa su propio proceso de recuperación.
Después de semanas de trabajo en silencio, sesiones de bullpen y ajustes físicos, Díaz dejó una frase que resume el momento: se siente muy bien. Para los Dodgers, esas palabras tienen peso porque el equipo lo firmó para ser una pieza central del bullpen y cerrar juegos importantes.
El próximo paso será una asignación de rehabilitación. Dave Roberts, dirigente de Los Ángeles, explicó que el plan apunta a que Díaz pueda regresar poco después de la pausa del Juego de Estrellas, siempre que responda bien en esa etapa final.
La noticia llega en un momento oportuno. Los Dodgers han logrado sostener un buen nivel en el relevo durante su ausencia, pero recuperar a un cerrador probado cambia la estructura del bullpen y le ofrece al equipo más claridad para los innings finales.
Díaz llegó a Los Ángeles con grandes expectativas tras firmar un contrato de tres años y 69 millones de dólares durante la temporada baja. Su llegada prometía darle a los Dodgers un brazo dominante para cerrar partidos, acompañado por una de las entradas más reconocibles del béisbol con el sonido de las trompetas.
Sin embargo, el inicio de su etapa con el club no fue sencillo. Aunque convirtió cuatro de sus primeras cinco oportunidades de salvamento, permitió siete carreras limpias en seis entradas durante sus primeras siete apariciones. Los números encendieron señales de alerta.
La principal preocupación fue la velocidad de su recta. Díaz promedió 95.7 millas por hora, una caída respecto a las 97.2 mph que había registrado en 2025. Para un relevista cuya identidad depende tanto de la explosividad de su recta y del contraste con su slider, esa diferencia no pasó inadvertida.
Tanto el lanzador como los Dodgers insistieron al principio en que no había una lesión mayor. Pero después de una salida complicada en Colorado, donde permitió tres carreras sin sacar out, una resonancia magnética reveló la presencia de cuerpos sueltos en el codo derecho.
Díaz ya sabía que tenía esa condición desde hacía años, pero nunca había sentido síntomas importantes. Esta vez, el problema comenzó a afectar su rendimiento y terminó obligándolo a pasar por el quirófano.
Ahora, la sensación es distinta. El puertorriqueño asegura que se siente mejor que al inicio de la temporada y que está más cerca del punto en el que quiere estar. Esa confianza es clave para un relevista que necesita entrar al montículo con convicción total.
Durante la práctica de bateo en vivo, Díaz se enfocó en la ubicación de su recta y su slider. Explicó que busca fallar arriba con la bola rápida, no en el centro de la zona, y que quiere colocar el slider en una ubicación que provoque swings sin quedar demasiado fuera del alcance de los bateadores.
Esos detalles técnicos serán parte de su trabajo durante la asignación de rehabilitación. A diferencia de un abridor, Díaz no necesita construir resistencia para múltiples entradas. Su rol será de un inning, por lo que su proceso podría ser más corto si la salud, la velocidad y el comando responden como espera el cuerpo técnico.
El regreso de Díaz también podría tener efecto dominó en el bullpen. Los Dodgers podrían reorganizar roles, mover brazos de alto impacto a situaciones de preparación y reducir la carga de otros relevistas que han asumido mayor responsabilidad durante su ausencia.
En una temporada larga, esa profundidad importa. Los Dodgers no solo piensan en ganar juegos de julio; también preparan su estructura para septiembre y octubre. Tener a Díaz saludable en la parte final del calendario puede ser una diferencia importante en partidos cerrados.
Para el puertorriqueño, el regreso representa una oportunidad de reiniciar su historia en Los Ángeles. Su primera impresión quedó marcada por la lesión y por una versión limitada de su repertorio. Ahora tendrá la posibilidad de mostrar por qué los Dodgers apostaron tan fuerte por él.
La organización no necesita que vuelva simplemente como un nombre grande. Necesita que regrese con poder, comando y confianza. Si Díaz recupera su recta explosiva y logra emparejarla con un slider efectivo, el bullpen de Los Ángeles puede transformarse rápidamente.
El ambiente también espera su regreso. Las trompetas, símbolo de su presencia en el montículo, podrían volver a sonar en Dodger Stadium poco después del Juego de Estrellas. Pero más allá del espectáculo, lo importante será ver si su brazo responde como antes.
Por ahora, el mensaje es de optimismo. Edwin Díaz lanzó ante bateadores, salió satisfecho y ya mira hacia una asignación de rehabilitación. Los Dodgers, que han sabido mantenerse firmes sin él, podrían recuperar pronto a su cerrador en el momento exacto para fortalecer su candidatura.






