Tiempo de Aprender 02-11-2018

Por Redacción GrandesELD | En fecha: 2 noviembre, 2018

Por Carlos José Lugo
Twitter: @CarlosJLugo

Willie McCovey

Assistant GM Tigres del Licey. Comentarista y escritor deportivo. Co-host Grandes En Los Deportes.

El béisbol perdió la noche del miércoles a uno de sus grandes, el miembro de Cooperstown Willie McCovey quien falleció a los 80 años de edad luego de varios años con problemas de salud que lo fueron debilitando poco a poco. Los que somos de una generación anterior a la actual no tuvimos la suerte de ver jugando a McCovey, pero sí recibimos las historias acerca de su tremenda carrera en un momento todavía reciente del final de la misma, y también en una época en que 521 jonrones – su total de por vida – era una cifra bastante seria.

Una de las grandes ventajas del uso de la sabermetria y las analíticas es la de poder evaluar las carreras de jugadores en distintas épocas, analizar el contexto de las mismas, hacer los ajustes y llegar a un punto en que podemos medir con la misma vara a todo el mundo. No importa que haya jugado en 1915, 1940, 1970 o en la actualidad. Los más jóvenes lo más probable es que conozcan de Willie McCovey solo por referencia y, tomando en cuenta que hay once jugadores cuyas carreras iniciaron hace menos de treinta años o ya bien pasado el apogeo de la de McCovey que le han rebasado en la lista de jonrones conectados, pues esos 521 bambinazos no son puestos en su justo lugar.

Willie McCovey nació en 1938 en Mobile, Alabama y, como todo afro-americano del sur de los Estados Unidos tuvo que sufrir la cruda y asquerosa segregación. Alex Pompez, el legendario scout de los Gigantes le empezó a dar seguimiento por una recomendación de uno de sus “bird-dogs” en el sur y después de asistir a un tryout en Florida en 1955 Pompez lo firmó con 17 años. A pesar de esa corta edad el jugador en ese entonces con 6’2” de estatura y apenas 165 libras no tuvo muchos problemas en adaptarse al profesionalismo bateando .305 con 19 jonrones, 24 dobles, 15 robos de base y 113 remolcadas en solo 107 partidos con el equipo Sandersville de la Liga Estatal de Georgia, entonces nivel Clase D. Al año siguiente en la Liga de Carolina, Clase B, McCovey bateó .310 con 28 jonrones, 38 dobles y 8 triples con el equipo Danville. Tras ser promovido hasta Doble-A en 1957 jugando para las Águilas de Dallas de la Liga de Texas, el recio bateador zurdo bajó a .281 con 11 jonrones y 65 empujadas en 115 partidos, pero lesiones graves sufridas en un tobillo y una rodilla deslizándose en el plato en una jugada, le costarían varias semanas de juego y afectarían toda su carrera en el futuro. Al año siguiente en Triple-A bateó .319 con 14 jonrones y 89 remolcadas con el equipo Phoenix de la Liga de la Costa del Pacifico, un fabuloso club que contaba entre sus talentos a Felipe Rojas Alou, Willie Kirkland, Tom Haller, Leon Wagner y Ernie Broglio.

Con esos nombres y esa información es preciso hacer un alto porque es otro aspecto relevante en lo que sería el desarrollo de su carrera. Los Gigantes de San Francisco a finales de la década de 1950 y la primera parte de los sesentas, eran una impresionante maquinaria de producción de talento. Las fincas estaban repletas de futuros big-leaguers por todos lados y sencillamente en el equipo grande no había espacio para todos. McCovey, que ya había sufrido las lesiones en sus piernas que le habían robado el poco de velocidad y atleticismo que tenía limitándolo solo a la primera base. ¿Cuál era el problema? Pues que ya los Gigantes tenían al mismo tiempo a Orlando Cepeda y Bill White en la posición e incluso cambiarían a este último a San Luis para abrirle el espacio a Peruchín. De todas maneras, McCovey forzó su presencia a las grandes ligas en el ’59 destruyendo Triple-A bateando .372 con 29 jonrones y 92 remolcadas en 95 juegos. Promovido a las mayores el 30 de julio de ese año este tuvo uno de los debuts más impresionantes de la historia para un novato, bateando .354 con 13 jonrones, 38 empujadas, OBP de .429 y slugging de .656 en apenas 52 partidos. Aun jugando solo dos meses el impacto fue tan grande que ganó el premio Novato del Año de forma unánime.

La cuestión era que los Gigantes ahora tenían dos talentos de Cooperstown jugando la misma posición, y la solución que buscaron al problema fue mover a Cepeda a la tercera base y dejar a McCovey en la inicial. El experimento duró solo unos días, pues era obvio que el puertorriqueño no podía jugar tercera base. Eventualmente, y a pesar de intentar con Cepeda en el jardín izquierdo e incluso el propio McCovey, no hubo nunca solución perfecta y el resultado fue que McCovey no fue un jugador regular a tiempo completo los primeros cuatro años de su carrera. En 1963 los Gigantes lo colocaron a tiempo completo en el left field, no importa qué y en su primer año completo este fue líder de la liga con 44 jonrones, bateó .280 y empujó 102 vueltas asistiendo a su primer juego de estrellas. En el ’64 problemas en su pie izquierdo afectaron su producción que bajó a solo .230 con 18 jonrones en 130 juegos. Al año siguiente, con Orlando Cepeda perdiendo virtualmente la temporada completa por una lesión grave en una rodilla, McCovey se adueñó de la primera base para siempre. Sus números de .276 con 39 jonrones y 92 remolcadas son fantásticos dentro del contexto de la era. McCovey terminó segundo en jonrones y bases por bolas (88) y entre los mejores cinco en OBP y slugging. Con Cepeda de regreso al año siguiente, los Gigantes intentaron la misma fórmula de años anteriores con Peruchín en el left y McCovey en primera, pero estaba perfectamente claro que era una situación insostenible. A principios de mayo los Gigantes cambiaron a Cepeda a los Cardenales, McCovey, dueño definitivo de la inicial respondió con otra gran temporada bateando .295/.391/.586 con 36 jonrones y 96 empujadas. Por los próximos años McCovey se mantendría haciendo básicamente lo mismo todo el tiempo.

¿Qué es lo que no nos muestran esos números y su valor aparente? A McCovey le tocó el apogeo de su carrera en lo que muchos llaman la segunda era de la bola muerta, la década de los sesentas. El Average Uniforme, una estadística ofensiva ajustada a contexto ofensiva y factores de parque y expresada en un numero de magnitud similar al promedio de bateo, dice lo siguiente: su TAv de por vida fue un impresionante .324 y, en sus años de apogeo en los sesentas esta es la lista de sus TAv’s año por año: .335, .336, .335, .360, .343, .375, .394, .362 y .324. Incluso en los setentas, ya con las rodillas hechas polvo y 35 años, McCovey tuvo temporadas sucesivas con Average Uniforme de .339.

En la versión de las WAR de Baseball Reference, McCovey es séptimo en la lista de todos los tiempos en la primera base con 64.5 WAR, en Fangraphs su total es 67.4.

De por vida su línea de porcentajes fue .270/.374/.515 con 521 cuadrangulares y 1,555 carreras empujadas. Bill James escribió acerca de McCovey en su libro Historical Baseball Abstract lo siguiente: “McCovey tenía 6’4”, 240 libras y los hombros como las alas de un cóndor. Su swing largo debió resultar en 130 ponches al año, pero eso nunca pasó. Si le hubiese tocado jugar en los años noventa, con el bateador designado y los estadios modernos, McCovey habría conectado 800 jonrones.”

Aunque suene exagerado, Willie McCovey fue la clase de bateador que seguramente habría conseguido 650 jonrones en las circunstancias correctas.

Descanse en paz uno de los grandes sluggers de la historia.






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