Tiempo de Aprender 08-02-2019

Por Redacción GrandesELD | En fecha: 8 febrero, 2019

Assistant GM Tigres del Licey. Comentarista y escritor deportivo. Co-host Grandes En Los Deportes.

Por Carlos José Lugo
Twitter: @CarlosJLugo

Frank Robinson

Ayer el béisbol perdió una de sus grandes figuras con el fallecimiento, a los 83 años de edad, de Frank Robinson. Pese a jugar su último partido de béisbol hace más de 40 años en 1976, el nombre y la figura de Robinson – como otros grandes de su generación – han gravitado en el juego hasta este, el momento de su muerte.

Nacido en Beaumont, Texas, Robinson era el menor de diez hermanos y se mudó con ellos y su madre a Oakland a temprana edad luego del divorcio de sus padres. Una vez en California el deporte era una de las pocas vías de escape de problemas para los jóvenes y adolescentes creciendo en un barrio pobre y multi-racial. Robinson, quien se destacó en baloncesto, futbol americano y béisbol, pero sobre todo en este último, firmó por $3,500 dólares con los Rojos de Cincinnati en 1953 recién graduado del bachillerato a los 17 años. Su primera experiencia profesional fue en la Liga de Pioneros, clase C donde bateó .348 con 17 jonrones en 72 partidos ese mismo año, pero allí Robinson también tuvo su primera experiencia con el racismo y la segregación a niveles alarmantes. Jugando en la ciudad de Ogden, en el estado de Utah, cuna de la religión mormona, que entonces veía a los hombres de raza negra como seres humanos inferiores, el racismo institucionalizado y las vejaciones, sirvieron para forjar un carácter y una personalidad que lo definiría en el terreno de juego. Luego de otros dos años de lo mismo jugando en el sur profundo en el equipo Columbia en clase-A, los Rojos promovieron a Robinson al equipo grande en 1956, le entregaron el jardín izquierdo y allí empezó una de las grandes carreras de la historia.

En su primera temporada con 20 años Robinson bateó .290/.379/.558 con 27 dobles, 6 triples, 38 jonrones y 83 remolcadas para unos Rojos que ganaron 91 partidos y tuvieron su primera temporada ganadora en más de una década. Su brillante actuación le hizo ganar el premio Novato del Año de forma unánime y llegar séptimo en la votación por el Jugador Más Valioso. El llamado maleficio del segundo año le pasó de largo a Robinson bateando .322 con 29 jonrones y 75 empujadas en 1957. En el ’58 su producción cayó a .269/.350/.504 pero aun así este pegó 31 vuelacercas, remolcó 83 y ganó el único guante de oro de su carrera dividiendo su tiempo entre los jardines izquierdo y central. Al año siguiente sus números regresaron a la normalidad con una temporada de .311, 36 jonrones y 125 empujadas, además de 18 robos de base. En el 1960 Robinson cerró la década encabezando el viejo circuito en slugging con .595 – la primera de tres ocasiones consecutivas y cuatro totales – fruto de 33 dobles, seis triples y 31 vuelacercas, pero Cincinnati había vuelto a las penumbras de la segunda división con tres temporadas perdedoras en línea. En 1961 todo eso cambió. El manager Fred Hutchinson y el Gerente General Gabe Paul decidieron mover a Robinson al bosque derecho y este respondió con una monstruosa temporada en la que bateó .323/.404/.611, 32 dobles, siete triples, 37 jonrones, 117 anotadas, 124 empujadas, 71 bases por bolas y 22 robadas en 25 intentos. Los Rojos ganaron 93 partidos y su primer pennant desde 1940. En el ’62 Robinson estuvo mejor todavía bateando .342 con 39 jonrones y 136 empujadas, encabezando la liga en dobles con 51, anotadas con 134, porcentajes de slugging y embasarse y robándose 18 bases. En el ’63 su producción cayó notablemente a .259 con 21 jonrones y 91 empujadas, pero Robinson tomando en cuenta el contexto ofensivo de ese año, siguió siendo un jugador productivo. Dos excelentes aunque no espectaculares campañas para él en el ’64 y ’65 prepararon el escenario para uno de los más grandes errores de toda la historia del juego.

Pese a que Robinson se mantenía siendo un jugador extremadamente productivo y valioso, el entonces dueño de los Rojos, Bill DeWitt, quien además fungía como gerente general, cambió a Robinson en diciembre de 1965 a los Orioles de Baltimore por los lanzadores Milt Pappas y Jack Baldschun y el jardinero Dick Simpson. Según DeWitt, Robinson era un “talento en decadencia con piernas progresivamente frágiles y un viejo con 30 años.”

La irreverente burla de DeWitt indudablemente sirvió de motivación a Robinson. Con 30 años y sus piernas de anciano, este ganó la Triple Corona bateando .316 con 49 jonrones y 122 carreras remolcadas, conduciendo a los Orioles al primer banderín en la ciudad de Baltimore y segundo en la franquicia, y una barrida en contra de los Dodgers de Los Ángeles en la Serie Mundial donde este conectó un par de jonrones y fue el MVP del clásico. Robinson, quien además fue líder de la liga en porcentaje de embasarse con .410, slugging con .637 y anotadas con 122, obtuvo el premio al Más Valioso de manera unánime, convirtiéndose de paso en el primer hombre en la historia en ganarlo en ambas ligas mayores.

Aun entrado en los treinta, la excelencia y productividad de Robinson se mantuvieron en sus seis temporadas en Baltimore, formando parte de uno de los grandes equipos de la era moderna, la edición ganadora de tres banderines consecutivos y una Serie Mundial entre 1969 y 1971 bajo el mando del gran Earl Weaver. El lado frio del negocio del béisbol afectó a Robinson una vez más cuando los Orioles lo cambiaron a los Dodgers luego de la temporada de 1971 para abrirle paso al joven prospecto Don Baylor. Las próximas cuatro campañas completas el futuro miembro de Cooperstown las pasó entre Dodgers, Angelinos de California y finalmente Indios de Cleveland. Robinson, quien había dirigido por varios años en la liga invernal de Puerto Rico y había expresado abiertamente su deseo de ser manager en grandes ligas, logró su objetivo al ser nombrado manager-jugador por los Indios para la temporada de 1975, el primer manager negro en la historia del juego.

 

Como jugador, Robinson se retiró con línea ofensiva de .294/.389/.537, 586 jonrones, 1,812 empujadas, 528 dobles, 1,829 anotadas, 72 triples, 1,420 bases por bolas y 204 bases robadas. Con 107.3 Victorias Sobre Reemplazo de por vida (WAR) Robinson ocupa el lugar 17 entre los jugadores de posicion. Como manager, este dirigió en 17 campañas, estando lo más cerca de ganar una división en 1989 al mando de los sorpresivos Orioles, que fueron eliminados por los Blue Jays de Toronto el penúltimo día de la temporada, pero su trabajo le valió el premio de Manager del Año.

Descanse en paz Frank Robinson, miembro de Cooperstown, pionero, leyenda, jugador completo y uno de los grandes de todos los tiempos.




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