Tiempo de Aprender 13-06-2018

Por Redacción GrandesELD | En fecha: 13 junio, 2018

Por Carlos José Lugo
Twitter: @CarlosJLugo

¿Tendrá sentido el berrinche de Jake Arrieta?

Assistant GM Tigres del Licey. Comentarista y escritor deportivo. Co-host Grandes En Los Deportes.

Assistant GM Tigres del Licey. Comentarista y escritor deportivo. Co-host Grandes En Los Deportes.

 En días pasados el estelar abridor de Philadelphia y antiguo ganador del premio Cy Young Jake Arrieta, se quejó públicamente acerca de la ineptitud de su equipo en el uso adecuado, o exitoso, de los shifts defensivos particularmente en el cuadro interior.  El tema de hoy no es analizar si fue inteligente o no el arranque de honestidad publica de Arrieta, sino determinar si lo que él afirma tiene algo de verdad.

Para empezar lo que dijo acerca de sus compañeros en totalmente cierto.  Los datos muestran que los Phillies se han costado a sí mismos el equivalente a ocho carreras defensivas con el empleo ineficiente de sus shifts defensivos – peor total del béisbol en ese aspecto – y desde una óptica ya más general, su defensa de conjunto es de -53 carreras salvadas a la defensa, igualmente la peor de las grandes ligas.

Los shifts defensivos extremos, como los que vemos hoy día, no son realmente un invento reciente.  A Cy Williams, un antiguo jardinero de los Cubs y Phillies y uno de los más notables sluggers de la era de la bola muerta y los primeros años de la viva, fue objeto de esta estrategia.  A otro bateador zurdo apellido Williams, Ted Williams, el manager y jugador de los Indios de Cleveland Lou Boudreau le colocaba a tres infielders, incluyéndose él mismo, del lado derecho de la segunda base para tratar de contrarrestar las tendencias haladoras del genio del bateo de los Medias Rojas.

Pero, la popularización de los shifts defensivos, la propagación como una plaga por todas las grandes ligas, es un fenómeno relativamente reciente.  Los Tampa Bay Rays bajo el mandato de Joe Maddon empezaron el uso intensivo de los mismos a finales de la década pasada y en poco tiempo, ante el éxito visible de la estrategia, el resto de los equipos estaba haciendo lo mismo unos de forma más agresiva que otros.  En esos primeros años 2009-2010 probablemente no se hicieron más de 1,500 shifts entre todos los equipos siendo Tampa Bay el líder.  En el 2011 ese número fue de 2,350, al año siguiente el incremento fue de casi un 50% a 4.577.  En el 2014 ya el numero estaba en 13,299 y el año pasado el total estuvo un poquito por encima de 27 mil shifts, lo cual representó una disminución del número record de 28,130 establecido en el 2016.

Con los problemas de falta de acción en el juego, el enorme volumen de ponches y la constante disminución de los hits de una base – al punto que están casi a la par con los ponches – muchas personas han sugerido la abolición total de los shifts defensivos, o al menos algún tipo de reglamentación que los limite y los regule.  Evidentemente estás son las señales inequívocas de que la estrategia funciona y que con su éxito poco a poco se está aniquilando una variedad del juego ofensivo y la diminución general de la producción de carreras.

¿O no? 

Hace poco Statcast dio a conocer información detallada y mucho más granulada sobre los shifts a razón de pitcheo por pitcheo.  Antes de esto, lo que teníamos a mano era el resultado una vez la pelota era puesta en juego con los shifts defensivos en funcionamiento.  Todos sabemos que la información sobre la distribución de las pelotas que el bateador pone en juego – los llamados spray charts en inglés – representan la fuente de información en base a la que se decide si se emplea o no un shift defensivo en contra de un bateador.  Pero, el conteo de bolas y strikes es un elemento a considerar, la situación de outs y corredores en base y la estrategia o patrón de pitcheo que el lanzador decida utilizar en contra del bateador.  En síntesis, la formación defensiva puede cambiar en medio del turno y alinearse dependiendo de la situación.  Esa era una parte que no se podía analizar en vista de que no poseíamos la data para hacerlo.  Eso ya no ocurre.  Ahora los analistas pueden echarle un vistazo a lo que ocurrió con todos esos pitcheos en donde la bola no era puesta en juego y la defensa estaba empleando un shift.  Pues resulta que los primeros resultados, específicamente en investigaciones realizadas por Mike Petriello de MLB.com y Russell Carleton de Baseball Prospectus, apuntan a que el incremento casi desproporcionado de los shifts esté siendo al final contraproducente.  Un poco la ley de las consecuencias no deseadas.

¿De qué se trata el asunto? Al parecer, los lanzadores transfieren por bases por bolas más bateadores cuando están lanzando con un shift defensivo en funcionamiento.  Y de hecho, el número extra de bases por bolas concedidas excede el número de sencillos o hits de una base que se salvan o evitan con el implemento de la estrategia.  Ciertamente los shifts disminuyen el promedio de bateo en pelotas en juego (BABIP) razón por la cual el uso de la estrategia se expandió como epidemia.  De acuerdo al análisis de Mike Petriello en las temporadas 2017 y lo que va del 2018 el BABIP en contra de las defensas usando shifts fue de .281 versus .299 sin el uso de shifts.  Sin embargo, una vez se toman en cuenta las bases por bolas y el ligero incremento en la proporción de jonrones porque los bateadores han variado los ángulos de sus swings para tratar de vencer esas alineaciones defensivas extremas, resulta que los bateadores tienen un OBP ajustado (wOBA) de .336 en contra de los shifts versus .334 cuando no los hay.

La data apenas se está estudiando a profundidad pero, al parecer hay algo con los shifts que no habíamos advertido en principio.  Algo que parece que Jake Arrieta y otros lanzadores nos han estado diciendo y que puede que debamos escuchar.




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