Tiempo de Aprender 14-06-2018

Por Redacción GrandesELD | En fecha: 14 junio, 2018

Por Carlos José Lugo
Twitter: @CarlosJLugo

Miguel Cabrera y las lecciones no aprendidas

Assistant GM Tigres del Licey. Comentarista y escritor deportivo. Co-host Grandes En Los Deportes.

Assistant GM Tigres del Licey. Comentarista y escritor deportivo. Co-host Grandes En Los Deportes.

Miguel Cabrera, uno de los más importantes jugadores de esta generación y un futuro miembro de Cooperstown, sufrió la ruptura del bíceps de su brazo izquierdo, lesión que lo deja fuera por el resto de la temporada.  El jugador de 35 años estaba teniendo una actuación hasta cierto punto buena, pero eso si lo comparamos a lo que hizo el año pasado y no a los elevados estándares propios que ha establecido en su fabulosa carrera.  Una triple línea de porcentajes de .299/.395/.448 en verdad no luce nada impresionante para un hombre que batea .316/.395/.551 en una carrera que transita su año número 16.

El que un jugador sufra una lesión mayor que lo haga perder dos terceras partes de una temporada no es algo extraño en el béisbol, sobre todo tratándose de jugadores que cruzaron la frontera de los treinta años de edad.  Pero, en el caso de Miguel Cabrera existe un elemento muy importante, y nos referimos claro a su contrato vigente.  Dicho acuerdo es de 248 millones de dólares por ocho temporadas y el astro venezolano está en la tercera de esas ocho temporadas.  El bíceps roto, 35 años, tres de las últimas cuatro temporadas afectadas por lesiones – dos de ellas importantes – dos temporadas consecutivas por debajo de sus estándares, ciento ochenta millones de dólares garantizados por pagar.

El caso Cabrera sirve como un nuevo ejemplo de lo increíblemente arriesgado y quizás tonto, que resulta firmar a grandes, pero sobre todo prolongados, contratos a jugadores en el extremo derecho del espectro defensivo – hablamos de bateadores designados y primeras bases – con herramientas atléticas limitadas y entrando a, o dentro de, los treinta años de edad.  Para empezar los Tigres de Detroit no estaban obligados a firmar por una extensión a Cabrera en el momento en que lo firmaron, decisión que tomó el hoy ex Gerente General David Dombrowski.  La extensión actual fue firmada en la primavera del 2014 cuando todavía restaban dos temporadas del anterior acuerdo de ocho años y 152 millones de dólares que este firmó en la primavera del 2008.  Dombrowski y los Tigres se adelantaron dos años – llamémosle a esto el Síndrome de Ryan Howard y Rubén Amaro, Jr. – para extender el contrato de su súper estrella que empezaría a correr cuando estuviera en su temporada edad 33 años.  Claro, dirán ustedes que es muy cómodo obviar el hecho de que en el momento de la firma de esa extensión Cabrera venía de ganar la Triple Corona en el 2013 y de obtener un tercer título de bateo y un segundo premio a Jugador Más Valioso consecutivos.  Pero ese es precisamente el trabajo de un Gerente General y de una oficina de operaciones.  Entender, proyectar y darse cuenta de que era una locura pensar en que Miguel Cabrera, siendo el tipo de jugador que es y jugando la posición que juega, iba a ser un pelotero de un nivel parecido cinco años más tarde y ni hablemos de siete u ocho.  Si el miedo de perder a tu futuro Salón de la Fama te asalta y no resistes la idea de verlo alcanzar grandes metas importantes en otro uniforme, pues ahí está el ejemplo de los Cardenales de San Luis y Albert Pujols.  Los Cardenales, sencillamente no se salieron de lo que ellos entendían era una oferta razonable, Pujols se fue a Anaheim y los Cardenales han sobrevivido bastante bien hasta ahora sin Pujols y no hemos tenido noticias de marchas de protestas ni disturbios en San Luis cuando Pujols alcanzó los 3 mil hits, 500 y 600 jonrones y pronto llegue a dos mil empujadas en el uniforme de los Serafines.

El contrato de Pujols debe ser la referencia de lo terriblemente absurdo y arriesgado que son dichos acuerdos para jugadores de este tipo.  Recuerden, aquí no estamos hablando de los 252 millones por diez años que le dieron los Rangers a un shortstop con 25 años apellido Rodríguez, no.  Estamos hablando de nueve cifras con al menos siete años a inicialistas cuasi bateadores designados de casi treinta o más de treinta años de edad.  Es más, en la última década, hemos visto al menos ocho contratos de esta índole algunos todavía vigentes y los resultados realmente han sido desastrosos.  Y, en realidad, muchos de los grandes contratos de nueve cifras y de casi una década en extensión son extremadamente riesgosos.  Observemos los seis contratos más ricos en valor total en la historia del béisbol.  Jeffrey Loria firmó a Giancarlo Stanton para los Marlins por 13 años y 325 millones de dólares y una cláusula de escape luego del 2020 que de seguro Loria estaba contando con que Stanton ejerciera.  Loria no está, Derek Jeter traspasó a Stanton a sus Yankees y pagará 30 millones de ese contrato.  El jardinero firmó la extensión con 25 años y en los primeros cuatro de vigencia del mismo ya consiguió un MVP y una temporada de 59 jonrones.  Dicho esto, Stanton es un jugador que aparenta no va a envejecer de forma muy galante, si bien atlético no es Mike Trout y que además tiene proclividad a lesiones.  Después viene el segundo contrato de diez años de Alex Rodríguez por 275 millones de dólares acordado entre él mismo y Hal Steinbrenner sin consultas a terceros.  Alex venía de ganar su tercer MVP, se acogió a la cláusula de escape de su contrato original y con ello hizo entrar en pánico a los hermanos Steinbrenner.  La realidad es que el dominicano era un tercera base de 32 años y ni Mike Schmidt, George Brett, Eddie Mathews, Chipper Jones y un largo etcétera entre los grandes de la historia en la posición, fueron muy productivos más allá de los 35-36 años.  Rodríguez, por supuesto, tuvo su última gran temporada a los 34 años, luego las lesiones y las suspensiones lo hicieron perder gran parte de las próximas cuatro temporadas hasta un regreso semi-triunfal de 33 jonrones como bateador designado a los 39 años.  A los 40 los Yankees lo retiraron y a los 41 le pagaron los últimos 21 millones de dólares del contrato para estar con Jennifer López y no con el equipo.

Van dos, uno sospechoso otro que no terminó nada bien.  En una próxima entrega seguimos con el tema.






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