Tiempo de Aprender 16-01-2019

Por Redacción GrandesELD | En fecha: 16 enero, 2019

Por Carlos José Lugo
Twitter: @CarlosJLugo

Assistant GM Tigres del Licey. Comentarista y escritor deportivo. Co-host Grandes En Los Deportes.

Cooperstown 2019 – I

El proximo martes se darán a conocer los nuevos miembros al Salón de la Fama de Cooperstown. Como una forma de ir preparándonos a ese momento, hablemos en las próximas entregas sobre el tema de esta clase particular del 2019. Lo primero, los nuevos integrantes a la boleta.

Veinte jugadores entraron a ser elegibles por primera vez en el 2018 y, esta es la historia sobre la carrera de algunos de ellos.

Gracias por participar

Rick Ankiel, Juan Pierre, Darren Oliver, Jon Garland, Jason Bay, Travis Hafner, Ted Lilly, Freddy García, Kevin Youkilis, Derek Lowe, Vernon Wells todos jugadores con más de una década en las mayores, algunas temporadas estelares, participaciones en Juegos de Estrellas y demás, pero ninguno de ellos con currículos de Salón de la Fama. Probablemente, de este grupo no sobreviva ninguno porque es difícil obtener el cinco por ciento necesario del voto. Es más, justificar un voto a cualquiera de ellos es imposible.

Michael Young y el Salón de la Fama

Michael Young jugó catorce temporadas en Grandes Ligas retirándose con un promedio de por vida de .300 con 185 jonrones, 2,375 hits, 1,030 carreras empujadas y 441 dobles entre sus números de acumulación principales. Young además ganó un título de bateo, pegó doscientos o más hits en seis ocasiones distintas, asistió siete veces al Juego de Estrellas, ganó un Guante de Oro y en un par de ocasiones terminó entre los diez más votados para el premio a Jugador Más Valioso. En el periodo comprendido entre las temporadas 2003 al 2011 Young tuvo un average de bateo de .311, duodécimo mejor en las mayores, por encima de Derek Jeter, Manny Ramirez y Robinson Canó y a poca distancia detrás de Barry Bonds, Joey Votto y Vladimir Guerrero. Considerando el hecho de que Young fue la mayor parte de su carrera un infielder del medio – shortstop y segunda base – y otra cuarta parte de su carrera antesalista, pues cualquiera pensaría en un caso interesante para Cooperstown. Y bueno, su carrera no está tan lejana en el tiempo como para que olvidemos que en su momento, ante los ojos de muchos, Michael Young era considerado un jugador super-estrella. Su caso empieza a flaquear a partir de los siguientes puntos: lo primero es que el average de .300 de por vida luce bien sexy pero el resto de su línea de porcentajes no necesariamente. Young se retiró con un porcentaje de embasarse de .346, que es razonable pero no bueno ni mejor que bueno y el máximo de bases por bolas que recibió en una temporada fue 58 en el 2005, la temporada en que fue lider de bateo en la Liga Americana. Digamos que una temporada típica de Young andaba entre las 45 y 50 bases por bolas. Su slugging de por vida fue .441, tampoco una cosa del otro mundo. Pero justo es decir que Young conectaba una buena cantidad de dobles – entre 33 y un máximo de 52 en el periodo antes señalado – y en cuatro temporadas distintas conectó más de veinte jonrones. De nuevo, eso no es malo para un hombre del medio del infield que aparte tuvo seis temporadas de al menos 90 remolcadas. El pero está en que Young logró esto en una era muy favorable a la ofensiva y jugó en un parque igualmente favorable como el de Texas. Es por eso que métricas ofensivas normalizadas y ajustadas a contextos no lo ven como un jugador ofensivo más que ligeramente por encima del promedio. Su OPS ajustado (OPS+) de por vida fue solo un 4% mejor que el del jugador ofensivo promedio y sus Carreras Creadas Merecidas Ajustadas (Deserved Runs Created Plus, DRC+) lo valoran como un 3% mejor al average de su liga. Young fue entonces un bateador de altos averages, con un poder un poco inflado por su estadio y la época. Aquí no estamos hablando de Ryne Sandberg o Rod Carew con el bate. La defensa es el otro tema que da el golpe fatal a su caso. Young jugó 793 partidos en el shortstop, 465 en tercera base y 448 en segunda, todas posiciones a la izquierda del espectro defensivo. Y en cada una de ellas fue un fildeador notablemente pobre. Sabemos que no todos están convencidos de la validez de las métricas defensivas de ultima generación pero, la realidad es que todas coinciden en valorar a Young como un pésimo fildeador en el shortstop y la tercera base y uno debajo del promedio a marginal en la segunda. Dependiendo del sabor de la métrica utilizada, Young costó a sus equipos entre 70 y 150 carreras con su defensa, súmele o réstele alguito.

Su defensa y los ajustes pertinentes que hay que hacer a su ofensiva, afectan significativamente su numero de WAR obtenidas de por vida. En la version Baseball Reference Young termina con 24.6, que sería el cuarto total más bajo después de la II Guerra Mundial para cualquier jugador con un promedio de .300 y al menos siete mil apariciones al plato de por vida. Sus -153 carreras salvadas a la defensa es el cuarto peor total desde que Baseball Info Solutions empezó a calcular la estadística. Considerando que Young fue más que todo un campocorto, así lo ubica el sistema JAWS de Jay Jaffe entre los jugadores de la posición en Coopestown: Young obtuvo 24.6 WAR en su carrera, 21.4 en sus siete temporadas pico y un Score JAWS de 23.0. El campocorto típico del Salón de la Fama registra 67.0, 42.9 y 55.0 respectivamente en los totales descritos anteriormente.

Young es un candidato a desaparecer de la boleta de la Asociacion de Escritores al primer intento, solo que a diferencia de los citados al principio, su pedigree de super-estrella y de uno de los jugadores más importantes en la franquicia de los Rangers de Texas hacían de su caso uno interesante de tratar de manera particular de este grupo de primer año.  En una proxima entrega sobre el tema, los casos de Miguel Tejada, Roy Oswalt, Lance Berkman y Andy Pettite.




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