Tiempo de Aprender 20-06-2018

Por Redacción GrandesELD | En fecha: 20 junio, 2018

Por Carlos José Lugo
Twitter: @CarlosJLugo

 Miguel Sanó y otros casos similares ¿Qué viene después?

Assistant GM Tigres del Licey. Comentarista y escritor deportivo. Co-host Grandes En Los Deportes.

Una de las noticias más sorpresivas de la pasada semana en las grandes ligas fue la decisión de los Mellizos de Minnesota de enviar a las ligas menores al infielder Miguel Angel Sanó.  Después de una primera mitad en el 2017 donde bateó .276/.368/.538 con 21 jonrones, 62 remolcadas y una visita al Juego de Estrellas en Miami, la producción de Sanó ha ido en franco declive.  Las lesiones lo limitaron en la segunda mitad, participando apenas en 32 partidos y su OPS cayó de .906 a .742.  En el 2018 ya conocemos la historia.  La condición física del petromacorisano – desde siempre un tema – ha alcanzado un punto de franco descuido y se habla de un peso cercano a las 300 libras, que por supuesto, lo hace más proclive a las lesiones y erosiona sus habilidades a la defensa.  Sanó se está ponchando un 5% más de sus apariciones al plato, ha visto reducir la de bases por bolas recibidas en casi un 3% y entre una cosa y la otra ha bateado .203 con solo siete jonrones y un OPS de .675 en los 37 partidos que las lesiones y su descuidada forma física les han dejado participar.

De modo que, la decisión de Derek Falvey y Thad Levine, plana mayor en la oficina central en Minneapolis, no debe agarrarnos del todo por sorpresa.  La sorpresa, que quizás tampoco deba serlo analizando las particularidades del caso, es que Sanó haya sido degradado hasta la Liga Estatal de Florida que es un nivel Clase-A avanzada.  Pero, en Fort Myers está el cuartel general de entrenamientos de la organización, y debe estar el cuerpo médico y de preparadores físicos que junto con los entrenadores tratarán de recuperar el cuerpo, la salud y las habilidades del talentoso jugador criollo.

El de Sanó no es el primero, ni será el último caso de un jugador de cierta prominencia y aparentemente establecido en grandes ligas, que es enviado a liga menor – los niveles más bajos incluso – buscando devolver al carril correcto el desarrollo de su carrera.  A propósito del tema, compartimos con ustedes algunos de esos casos y veremos si el curso de educación continuada en las menores les sirvió de algo.

Empecemos por el más famoso de todos que no es otro que el mismísimo “Cometa de Oklahoma” el extraordinario Mickey Mantle de los Yankees de Nueva York en 1951.  Mantle debutó el 17 de abril de ese año jugando el bosque derecho – Joe DiMaggio aún estaba activo, recuerden – y después de un lento primer mes se calentó en mayo subiendo su promedio tan alto como a .316 y OPS de .872 al día 18 de ese mes.  Ahí apareció entonces el slump.  Mantle bateó solo .228 con un par de jonrones en junio y a principios de julio ya había perdido su puesto de regular.  Tras un inicio de tres hits en 15 turnos en el mes, los Yankees decidieron enviar a Mantle a Triple-A a los Kansas City Blues de la desaparecida Asociación Americana.  En 40 partidos en Kansas City Mantle bateó .361 con 11 jonrones, 50 empujadas, cinco bases robadas y OPS de 1.096.  El Gerente General George Weiss lo llamó de nuevo al Big Show a finales de agosto, Mantle tuvo un productivo mes de septiembre y en lo adelante se convirtió en uno de los mejores jardineros centrales de la historia.

Casi una década más tarde otro futuro miembro de Cooperstown, Willie McCovey de los Gigantes de San Francisco, pasó por una situación similar.  McCovey tuvo uno de los más fabulosos debuts en grandes ligas bateando .354 con 13 jonrones y 38 empujadas en apenas 52 partidos en 1959 después de unirse al equipo el 30 de julio, y a pesar de lo poco que jugó, fue electo como Novato del Año de forma unánime.  Al año siguiente el poderoso bateador zurdo empezó bien pero sus problemas para batear el pitcheo zurdo se acrecentaron, y como los Gigantes – una maquinaria de producir jugadores en ese entonces – tenían también en sus filas a Orlando Cepeda, McCovey cayó a una suerte de platoon perdiendo eventualmente el puesto de regular tras caer un slump en junio.  A pesar de que McCovey estaba bateando con buen poder y embasandose, el Gerente Chub Feeney y el manager Billy Rigney se fijaron más en el promedio de .244 y decidieron enviarlo a Tacoma, sucursal Triple-A a mediados de julio por un par de semanas.  En agosto ya estaba de regreso a las mayores pero ya no como regular el resto del camino.  Por supuesto, las cosas mejorarían eventualmente para Willie McCovey quien conectó 521 cuadrangulares en su carrera con más de 1,500 remolcadas y 1,300 bases por bolas recibidas.

El próximo caso es el de uno de los mejores pitchers de su generación quien tuvo una carrera que ojalá se haga justicia e igualmente obtenga un nicho en Cooperstown.  Nos referimos al recientemente fallecido Roy Halladay.  La súper estrella de los Toronto Blue Jays, igual que Mantle, McCovey y Sanó, era un prospecto grado-A que debutó con cierto éxito en las mayores en 1998 y lanzó de forma aceptable en 1999.  En el 2000 llegó el desastre cuando Halladay, en 19 juegos y 67.2 de entradas, tuvo uno de los peores promedios de carreras limpias de la historia con 10.64, perdiendo siete juegos, e inexplicablemente ganando 4.  Al año siguiente los Blue Jays mandaron a Halladay de regreso a Clase-A avanzada – a la misma liga en que ahora está Sanó – a reconstruir por completo sus mecánicas y envío con el coach de pitcheo Mel Queen.  Luego de hacer todo el recorrido desde clase-A, doble-A y triple-A hasta regresar a las mayores ese año, Halladay se transformó en uno de los mejores pitchers del béisbol ganando dos premios Cy Young y teniendo, como ya dijimos, un caso sólido para Cooperstown.

Otros casos recientes y conocidos son los de Ervin Santana con Anaheim, Shelby Miller con Arizona, Cliff Lee con Cleveland, Brett Myers con Philadelphia, Yasiel Puig con los Dodgers y Mike Moustakas y Alex Gordon con Kansas City.

Como podemos ver, el caso de Miguel Angel Sanó no es único.  Lo que está por verse es cuál es el rumbo que tomará su carrera cuando regresé, eventualmente, a grandes ligas.






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