Tiempo de Aprender 26-12-2018

Por Redacción GrandesELD | En fecha: 26 diciembre, 2018

Por Carlos José Lugo
Twitter: @CarlosJLugo

Assistant GM Tigres del Licey. Comentarista y escritor deportivo. Co-host Grandes En Los Deportes.

Cooperstown y los Cerradores – II

El artículo del escritor Bill Ballou donde informa que remitió su boleta al Salón de la Fama de Cooperstown vacía, como una forma silente de protesta ante lo que él entiende una valoración injusta del rol de relevista cerrador, y que personaliza en Mariano Rivera, nos ha servido como una buena excusa para examinar un poco cómo ha sido la evolución de los bullpens y el sendero que ha conducido al rol del cerrador moderno.

Como mencionamos en la edición anterior, los puntos expuestos por Ballou sobre el manejo de bullpens, el rol de cerrador y la tendencia de los managers a dirigir basándose en una estadística “inventada” no dejan de tener mucha validez. Pero, Mariano es quizás el exponente menos adecuado para personificar en él esta protesta. Sin contar a Rivera un total de siete lanzadores primariamente relevistas han sido electos al Salón de la Fama y, varios de ellos no han tenido un camino necesariamente fácil para alcanzar el honor, una señal de que en la mayoría de los casos la Asociación de Escritores de Beisbol y sus miembros tienen una valoración particular acerca del trabajo de los relevistas y su grado de importancia.

Hoyt Wilhelm fue el primer relevista en Cooperstown llegando en su octavo intento – de quince oportunidades que se tenían entonces – en el año de 1985. Luego llegó Rollie Fingers en 1992 quien podríamos decir llegó con pocos problemas en su segundo año en la boleta con más del 81% de los votos. Claro está, con Fingers hubo una circunstancia muy especial, este se retiró con el record de juegos salvados de por vida con 341 y tuvo posesión de él por varios años luego de su retiro, amén de que se adueñó del mismo en 1980 superando a Wilhelm. En la conciencia de los votantes Fingers personificaba el mejor exponente del rol de relevista apaga-fuegos y, sin tener aun idea de lo que representaba contextualmente el número y como evolucionaría, los 341 salvamentos fueron un factor determinante.

Pero los que vendrían más adelante y fueron contemporáneos de Fingers no la tendrían tan fácil. Bruce Sutter se retiró luego de la temporada de 1988 y no fue sino hasta el 2006 cuando finalmente fue electo a Cooperstown en su decimotercer intento y apenas rebasando el porcentaje requerido con un 76.9%. Sutter salvó justo 300 juegos y, pese a que ya para el 2006 estaba claro que ese número realmente no representaría muchas cosas, un grupo de periodistas importante decidió darle su apoyo y Sutter entró, y claro es uno de los miembros de currículo más débil en Cooperstown.

Con Rich Gossage pasó lo mismo, pese a que tenía mucho más méritos que Sutter para recibir el honor. “El Ganso” entró en su novena aparición en la boleta, dos años después que Sutter en el 2008 si bien con un porcentaje de los votos mucho más alto con un 85.8%. Para Dennis Eckersley la cosa fue fácil y rápida entrando en su primer año en la boleta con el 83.2% de la votación. Claro está, Eckersley, como veremos más adelante, redefinió el rol de cerrador moderno y, el excepcional grado de eficiencia con que lo desempeñó, especialmente en sus años con los Atléticos de Oakland, le facilitaron las cosas. Eckersley salvó 390 partidos en su carrera pero nunca tuvo control del record de por vida. Obviamente, estamos hablando de un caso muy especial porque recordemos que fue un pitcher abridor a tiempo completo hasta los 31 años, ganando 149 partidos como iniciador incluyendo una temporada de 20 victorias y otra de 17.

Trevor Hoffman es el primero de la generación reciente que llega a Cooperstown haciéndolo en su tercer intento el año pasado con un 79.9% del voto. Hoffman fue el primer hombre con 600 salvamentos – noten ustedes que el doble de lo que apenas unos años antes se consideraba la cifra por excelencia – y como además fue dueño del record por unos cuantos años antes de que Mariano lo alcanzara, pues con eso tuvo las bases de un caso que, con toda honestidad, es el que debió haber tomado Bill Ballou para expresar sus puntos sobre el valor del cerrador moderno. Y bueno, de Lee Smith ya sabemos la historia porque es cosa de hace unos días que el Comité del Beisbol de hoy día lo eligió de forma unánime para el Salón de la Fama, eso a pesar de que Smith nunca alcanzó más del 50 por ciento en sus quince apariciones en la boleta de la Asociación de Escritores.

Fijémonos ahora en una parte interesante y que es la queja principal de Bill Ballou, la carga de trabajo de un relevista. Mencionaremos solo los casos de los relevistas en Cooperstown para que se vayan orientando. Tomando solo las apariciones como relevista, Wilhelm es obviamente el que mayor número de entradas lanzó por aparición desde el bullpen. Un total de 1,018 con 1,872 entradas y un tercio, alrededor de casi dos entradas por aparición. Usando fracciones para ponerlo más claro, un inning y cinco sextos por aparición. Luego sigue Fingers con una entrada y dos tercios por aparición como relevista, Gossage una entrada y tres quintos, Sutter una entrada y cuatro séptimos, Smith una entrada y un cuarto y empieza entonces el descenso. Eckersley una entrada y un séptimo lanzada por aparición desde el bullpen, Mariano una entrada y un noveno, Hoffman justo una entrada y un nombre que merece ser considerado en la conversación, el de Billy Wagner, igual una entrada por aparición desde el bullpen.

Si nos centramos únicamente en entradas lanzadas en situaciones de salvamento, tenemos que Wilhelm sigue en una entrada y cinco sextos – es decir casi dos innings lanzados – por aparición en situaciones de salvamento. Luego Fingers con una entrada y cinco octavos, Sutter y Gossage  un inning y cuatro séptimos, Smith una entrada y un quinto, Eckersley una entrada y un noveno y con poquito más de una entrada pero básicamente una, Mariano, Hoffman y Wagner. Pero, la diferencia con Rivera es que en partidos de post-temporada el panameño tiró 141 entradas en 96 apariciones desde el bullpen, un promedio de una entrada y media por aparición.

En una próxima entrega, la evolución de los bullpens.






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