Tiempo de Aprender 27-07-2018

Por Redacción GrandesELD | En fecha: 27 julio, 2018

Por Carlos José Lugo
Twitter: @CarlosJLugo

Bajo la lupa Atléticos de Oakland

Assistant GM Tigres del Licey. Comentarista y escritor deportivo. Co-host Grandes En Los Deportes.

La noche del pasado miércoles, a un strike de perder 5-4 a manos de los Vigilantes de Texas en Arlington, Khris Davis hizo contacto con una bola rápida a 98 millas por hora en la esquina de afuera de José Leclerc, y conectó un bestial cuadrangular hacia la banda opuesta, casi en la esquina del bosque derecho y al segundo piso, dándole ventaja a los Atléticos de Oakland de seis carreras por cinco. Una base por bolas al bateador emergente Nick Martini – quien tiene un porcentaje de embasarse de .414 desde que debutó en las mayores hace un mes a los 28 años – preparó el escenario para el segundo regreso en noches consecutivas de Oakland. El dominante cerrador Blake Treinen ponchó los tres bateadores de Texas en la baja del noveno para apuntarse su salvamento número 26.

No miren ahora pero, esto es lo que está pasando con los Atléticos de Oakland luego de su sexta victoria al hilo anoche: record de 27-7 desde el 16 de junio, el mejor de las grandes ligas. A partir del 14 de mayo 27 ganados y nueve perdidos en la ruta, mejor marca de las grandes ligas. 56 ganados y 33 perdidos desde el 15 de abril, cuarto mejor record en las grandes ligas y, finalmente, diez series ganadas con un empate en las últimas once en las que han participado. En la extremadamente polarizada Liga Americana de este 2018, los Atléticos tienen un ritmo de ganar más de noventa juegos y están metidos de lleno en la lucha por un puesto en el Juego de Wildcards.

Nada de esto estaba previsto.

Inevitablemente, para bien o para mal, cada vez que los Atléticos de Oakland hagan cosas como esta, la palabra “Moneyball” aparecerá en algún lado. Y es que la realidad de la franquicia en el 2018 no es para nada distinta a la realidad del año 2000 o 2001. Al empezar la temporada la nómina proyectada del club era de cerca de 66 millones de dólares y en este momento es de 74.7 millones aproximadamente. Es la tercera nomina más baja del béisbol. Los Gigantes de San Francisco, los primos ricos que juegan al otro lado de la bahía cruzando el puente, tienen una nómina proyectada de casi 207 millones de dólares, la más cara de la Liga Nacional y están jugando apenas por encima de .500.

Los rasgos del Moneyball es fácil encontrarlos en esta posible nueva edición. A pesar de un promedio de bateo colectivo de .248, justo en el average de la liga, el equipo está anotando 4.8 carreras por juego, quintos en el joven circuito y su OPS ajustado (OPS+) es el cuarto mejor un ocho por ciento por encima de la media de la liga.

¿Cómo lo han hecho este año los Atléticos, Billy Beane y su lugar-teniente David Forst?

Los jonrones y el poder representan el eje fundamental de la ofensiva de los Elefantes Blancos. En eso hay similitud con la versión original del Moneyball. En la parte en donde el parecido no es total es en las bases por bolas. Entre las temporadas del 2000 al 2003 – los años cumbre del Moneyball – Oakland finalizó siempre entre los mejores cuatro equipos de la Liga Americana en porcentaje de bases por bolas recibidas, rondando entre el nueve y el 11 por ciento de las apariciones al plato. Este año, con el 8.6%, el club está en el medio del paquete de la liga en séptimo puesto, pero separados por muy escaso margen de Cleveland y Boston que están octavos y novenos.

Gracias a ese poder hombres como Khris Davis, Matt Chapman, Matt Olson, Mark Canha, Chad Pinder y Stephen Piscotty han sido jugadores ofensivos productivos aun cuando sus averages de bateo oscilan entre .236 y .265. Solamente Jed Lowrie, un todos-estrellas de la liga, batea sobre .265 con .282.

Pero en donde ha estado la clave del éxito más importante de este equipo ha sido en el pitcheo de relevo, con un bullpen bastante efectivo, si bien con figuras poco conocidas. Los Atleticos tienen ahora marca de 19-8 en juegos por una carrera. Entre Blake Treinen, Yusmeiro Petit y Lou Trivino tienen record de 18 ganados y 5 perdidos. Treinen – miembro también del equipo de estrellas – tiene 5-2, 1.02 y 27 partidos salvados. Petit, una inteligente firma del mercado libre, 5-2, 3.43 y Trivino 8-1, 1.30 y 4 salvamentos. Los tres lanzadores promedian más de una entrada por aparición y otros miembros de ese bullpen que han cumplido un rol en su momento son Emilio Pagán, Chris Bassitt y el dominicano Santiago Casilla, recientemente colocado en asignación. Tan importante es el bullpen en el éxito de este club que Beane recién adquirió al dominicano y ex cerrador de los Mets Jeurys Familia. O sea que los Atléticos están tratando de formar su propia versión de un bullpen impenetrable como los modelos recientes que hemos visto en octubre. Les hará falta porque sin lugar a dudas la rotación de abridores no tiene las características usuales de una de playoff. El zurdo Sean Manaea es el as de la misma y sus 2.4 bWAR están prácticamente iguales que las de Treinen. Edwin Jackson – de 34 años y en su décimo-tercer equipo – junto con Brett Anderson, Trevor Cahill y el dominicano Francellis Montás componen el resto de la rotación. Todos y cada uno de ellos fueron adquiridos por Beane y Forst en cambios o firmados como agentes libres. En esa parte, el modelo Moneyball sigue siendo el mismo.

Basta con recordar tres de los nombres al principio de este comentario y entender el por qué. Khris Davis, Blake Treinen y Nick Martini son jugadores que, para sus dueños anteriores, eran piezas con algún tipo de defecto, pero no para Beane y el precio que pueden pagar los Atleticos. Al día de hoy, en el roster de 25 jugadores, solo cuatro de ellos han sido drafteados y desarrollados por la organización: Trivino, Pinder, Chapman y Olson. El resto, quince cambios y seis agentes libres. La tercera nomina más barata de la liga, la quinta mayor cantidad de victorias y un chance de playoffs. No sabemos si va a mantenerse los dos próximos meses, pero nuevamente Billy Beane ha creado un contendor básicamente de la nada.




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