Tiempo de Aprender 28-06-2018

Por Redacción GrandesELD | En fecha: 28 junio, 2018

Por Carlos José Lugo
Twitter: @CarlosJLugo

Ponches, jonrones y casos que no volveremos a ver muy pronto

Assistant GM Tigres del Licey. Comentarista y escritor deportivo. Co-host Grandes En Los Deportes.

El auge de las analíticas y la llamada Sabermetría en el béisbol, particularmente el de las Grandes Ligas, ha impactado al propio juego en el terreno.  El haber encontrado las formas y los métodos para entender cómo funcionan realmente los engranajes del mismo han provocado cambios en las tácticas y estrategias que antes eran normales y, por supuesto, el resultado es un béisbol con diferencias de estilo al que se jugaba quince a veinte años hacia atrás.  Es probable que una de las cosas que ha provocado mayor impacto haya sido la “des satanización” si acaso el termino es válido, de los ponches de un bateador.  Desde siempre el ponche se consideraba la falla y vergüenza más grande que podía sufrir un bateador y algo infinitamente peor que un elevado a los jardines o un rodado a la primera base.  Pero, desde el punto de vista cuantitativo, los analistas se dieron cuenta hace un tiempo que no hay mucha evidencia que sugiera que un ponche es “peor” que cualquier otra forma de hacerse un out, esto en el sentido de generar carreras.  Obviamente, en la época actual en que vivimos, en donde los ponches alcanzan niveles record en las mayores prácticamente cada año y en donde la búsqueda de los batazos largos para maximizar la producción de carreras por casi todo tipo de bateadores, realmente nos ha dejado un béisbol con un problema de inacción y que muchos entienden aburrido.

Pero el tema de hoy no es analizar el valor relativo de un ponche respecto a otros tipos de out ni tampoco entender si el béisbol de ahora es o no aburrido por el exceso de ponches, jonrones, bases por bolas y escasez de contacto.  El tema de hoy es que, producto de lo anterior, por los próximos años es un poco difícil que volvamos a ver lo siguiente:

En la temporada de 1947 el primera base de los Gigantes de Nueva York y antigua estrella de los Cardenales de San Luis, Johnny Mize, conectó 51 cuadrangulares obteniendo a ese momento el tercero de los cuatro lideratos de cuadrangulares en su carrera.  Aquellos de ustedes que no saben mucho acerca de la historia de Johnny Mize, traten de hacerse una imagen mental del jugador a partir de la información anterior.  Ser un slugger capaz de pegar 50 jonrones en una temporada y ganar múltiples coronas de jonrones automáticamente lo que nos traerá a cabeza es Giancarlo Stanton o Aaron Judge, tipos gigantescos que por supuesto se van a ponchar 175 veces en una temporada.  Si esa es la imagen que se hicieron de Johnny Mize, al menos la mitad de ella está equivocada.  Mize ciertamente era un hombre grande y corpulento para su época – seis pies, dos pulgadas de estatura y 215 libras de peso – e incluso fue el original “Gato Grande” apodo que le colocaron en su tiempo antes que al venezolano Andres Galarraga.  La mitad en la que seguro se equivocaron fue en los ponches.  Johnny Mize conectó 51 jonrones ese año y se ponchó solamente en 42 ocasiones.  Ese, de hecho, es el record de mayor numero de jonrones con menor número de ponches en una temporada en la historia, una relación de 0.82 ponches recibidos por cada cuadrangular conectado.  Tampoco fue algo fortuito para él, pues al año siguiente en 1948 pegó 40 jonrones con 37 ponches y antes en 1940 con el uniforme de San Luis tuvo 43 con tan solo 49 ponches.  Eso es imposible que lo volvamos a ver en esta época.

La realidad es que en esos tiempos el énfasis en hacer contacto y evitar los ponches era extensivo hasta este tipo de sluggers.  Ted Kluszewski, de los Rojos de Cincinnati es otro caso parecido.  El inicialista y bateador zurdo era tan fornido que fue el inventor de recortarle las mangas a la camiseta de su uniforme para que sus enormes bíceps y tríceps pudieran encajar en el mismo.  Bueno, en 1954 Kluszewiski fue líder en jonrones de la Liga Nacional con 49, y se ponchó en 35 ocasiones, o sea que su relación de ponches por jonrón fue incluso mejor que la de Mize, en este caso 0.71 ponches por cada vuelacercas.  En la próxima temporada de 1955 la historia se repitió, 47 jonrones y 40 ponches, si bien Kluszewski perdió su corona de tetrabases de Willie Mays de los Gigantes que conectó 51… y se ponchó 60 veces.

Contrastemos esto con lo que pasa hoy.  Anoche J.D. Martínez de los Medias Rojas pegó su jonrón número 25 afianzándose en el liderato de ambas ligas.  Martínez ha recibido 77 ponches y, siendo honestos, dentro del actual contexto, su relación de 3.08 ponches por cada jonrón conectado es razonablemente buena.  Es más, tanto que es una de las mejores entre los principales jonroneros de esta temporada.  La mejor es la de su compañero de equipo, el sensacional Mookie Betts, quien tiene 20 jonrones con 35 ponches, relación de 1.75 ponches por cada jonrón.  El dominicano José Ramírez de los Indios de Cleveland tiene la segunda mejor – esto hablando de jugadores con al menos doce jonrones – con 1.83.  Manny Machado de Baltimore le sigue con 19 jonrones y 46 ponches, relación de 2.42.  Un tercer criollo, Nelson Cruz de Seattle tiene 2.60, 20 jonrones y 52 ponches.  Dentro de este grupo Martínez ocuparía el noveno lugar y el resto de los mejores diez son Matt Adams de Washington con 2.85, Didi Gregorius de los Yankees 2.93, Mike Trout de Anaheim 3.04, Eugenio Suarez de Cincinnati 3.06, Martínez y la décima mejor relación es de Max Muncy de los Dodgers, 3.13 ponches por cada jonrón.

Los 35 ponches de Betts representan la menor cantidad para este grupo de sluggers, el mismo número usado por Kluszewiski en el ’54 para producir sus 51 bambinazos y en nada menos que 659 apariciones al plato.

¿Creen ustedes que en cinco o diez años volvamos a ver algo parecido?




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