En el ecosistema del béisbol dominicano, donde abundan los apodos y las etiquetas rápidas, Carlos Peña siempre ha sido una anomalía. No encaja en el molde tradicional del pelotero, y mucho menos en el del ejecutivo promedio. Ex-Grandes Ligas, analista ganador de premios Emmy, estudiante de Inteligencia Artificial y ahora Gerente General de los Leones del Escogido, Peña conversa con la intensidad de quien sabe que la vida, al igual que el béisbol, es una batalla constante de estrategias y fe.
En una entrevista que recorre desde sus días de gloria en Tampa Bay hasta su actual desafío en las oficinas de LIDOM, Peña nos revela cómo la «filosofía del 30%» y la tenacidad lo han convertido en uno de los rostros más fascinantes de nuestra pelota.
El milagro del 2007: Cuando la fe se encontró con la estrategia
La carrera de Peña en las Mayores no fue una línea recta hacia el éxito. En 2006, se encontraba en Triple A, con el contrato rescindido por los Red Sox y sin resultados claros en el invierno. «Todo se veía como el final», recuerda. Sin embargo, su llegada a Tampa Bay en 2007 cambió todo.
Bajo la tutela de Joe Maddon, Peña descubrió que el talento por sí solo genera un estrés insostenible. Maddon le simplificó el juego mediante estrategias analíticas que Peña, amante de las matemáticas, pudo digerir: «Él me explicó el porqué de la simplificación… tuve una temporadaza de 46 jonrones gracias a esa estrategia». Esa experiencia cimentó su creencia de que incluso los jugadores con menos talento pueden maximizarse si tienen la estrategia correcta.
LIDOM: La caldera de la presión
Para Peña, haber jugado en una Serie Mundial en Filadelfia (considerado uno de los escenarios más hostiles para un visitante) fue «fácil» comparado con la presión de la liga invernal dominicana. «La mayor presión que he sentido en mi carrera la sentí aquí», confiesa con una sonrisa.
Según Peña, el fanático dominicano no solo es apasionado, sino conocedor. «Si te gritan, te lo gritan con base». Esa exposición temprana al escrutinio público fue lo que lo preparó para la tenacidad necesaria en las Grandes Ligas.
Contra las etiquetas: «Popis», «Guaguaguas» y «Tigueraje»
Como alguien que creció en Estados Unidos pero se siente profundamente dominicano, Peña rechaza tajantemente las divisiones sociales que permean el béisbol. Se mostró visiblemente molesto con términos como «popi» o «guaguagua», y con la etiqueta de «tigueraje» aplicada a sus compañeros.
«Me molesta que menospreciemos a estos muchachos llamándolos tigres», afirma. Para él, sus compañeros eran hermanos con una destreza social y capacidad de superación superior a cualquier otra que haya visto en el mundo. Esta visión inclusiva y de respeto es la que hoy aplica en su trato con figuras como «Aro», a quien describe como una estrella y un consultor valioso.
El salto a la gerencia y la «Inteligencia Artificial»
Muchos se sorprendieron cuando Peña dejó la comodidad de los estudios de MLB Network por el «asiento caliente» de los Leones. Pero para él, es un paso lógico. Su obsesión actual es el control de lo controlable y el uso de la analítica para descifrar el juego.
Su preparación no se detiene en el terreno: Peña es un estudiante perpetuo. Actualmente está cursando un MBA y tiene estudios en Inteligencia Artificial y Aprendizaje Automático (Machine Learning). «No paro de estudiar… quiero seguir creciendo en todos los sentidos».
El veredicto: Una meta más allá del trofeo
Para Carlos Peña, ser Gerente General de los Leones es un reto que lo obliga a ser mejor que el «Carlos de ayer». Su meta no es solo ganar campeonatos, sino impactar la vida de los jugadores y ayudarlos a realizar sus sueños . Con una filosofía de «interés compuesto» aplicado al crecimiento personal —dar un pequeño paso cada día—, Peña está liderando al Escogido con una mezcla inusual de fe inquebrantable y ciencia de datos.







