Los Orioles de Baltimore cerraron su visita al Dodger Stadium con una demostración ofensiva contundente. Después de dejar escapar el primer juego de la serie, el equipo reaccionó con dos victorias seguidas y coronó el fin de semana con una paliza 12-1 sobre los Dodgers de Los Ángeles.
El triunfo tuvo un peso especial por el escenario y por el rival. Ganar una serie en Chávez Ravine nunca es sencillo, mucho menos ante unos Dodgers que llegan como bicampeones defensores de la Serie Mundial y que suelen convertir su estadio en uno de los ambientes más difíciles del béisbol. Baltimore no solo compitió: terminó imponiendo condiciones.
Colton Cowser fue la figura principal del último partido. El jardinero conectó tres imparables, remolcó cuatro carreras y disparó uno de los cuatro cuadrangulares de los Orioles. Fue su actuación ofensiva más completa de la temporada y una señal importante para un bateador que el equipo necesita encendido en la parte media de la alineación.
Baltimore marcó el ritmo desde temprano. La ofensiva anotó en cada una de las primeras cuatro entradas y construyó una ventaja de 6-1 antes de llegar al cuarto episodio. Ese arranque quitó presión al pitcheo y obligó a los Dodgers a jugar cuesta arriba desde el inicio.
Taylor Ward comenzó la fiesta de poder con un jonrón solitario en el segundo inning, y Cowser agregó otro cuadrangular en el tercero. Más tarde, el propio Cowser respondió en una situación favorable para Los Ángeles, conectando un sencillo de dos carreras ante el zurdo Jack Dreyer en el cuarto episodio.
Ese batazo fue relevante porque Cowser no ha tenido una temporada cómoda ante lanzadores zurdos. Sin embargo, en una serie exigente, logró producir en turnos importantes contra ese perfil de pitcheo. Para Baltimore, ese tipo de ajuste puede ser tan valioso como el jonrón.
El ataque definitivo llegó en el séptimo inning. Blaze Alexander y Jeremiah Jackson conectaron dobles consecutivos, y luego Pete Alonso descargó un cuadrangular de tres carreras hacia el jardín derecho. Fue su jonrón número 18 de la temporada, reforzando su papel como una de las principales fuentes de poder del club.
Alexander también tuvo una jornada destacada. Más adelante, en el octavo episodio, amplió la ventaja con un jonrón de dos carreras que puso el marcador 12-1. Terminó con tres hits y fue parte de una ofensiva que no dejó respirar al pitcheo de Los Ángeles.
Mientras los bates hacían daño, Brandon Young volvió a responder desde la lomita. El derecho lanzó cinco entradas de una sola carrera y mantuvo su buen momento reciente. En sus últimas seis aperturas, ha mostrado una versión mucho más estable, y los Orioles siguen ganando cuando él toma la pelota.
La serie pudo haber sido aún más contundente para Baltimore. El viernes, los Orioles estuvieron cerca de ganar, pero el bullpen cedió tres carreras en el noveno inning y los Dodgers escaparon con una victoria 6-5. El sábado, Baltimore resistió una reacción tardía de Los Ángeles para imponerse 3-2. El domingo ya no dejó espacio para sustos.
Para los Orioles, el resultado representa una señal de carácter. El equipo venía de perder dos de tres en Seattle y necesitaba cerrar bien la primera parte de su gira por la Costa Oeste. Llevarse una serie en Los Ángeles puede servir como punto de impulso antes de visitar a los Angelinos.
Los Dodgers, por su parte, fueron superados en todas las áreas durante el cierre de la serie. Su ofensiva apenas produjo una carrera el domingo, mientras su pitcheo no encontró la forma de detener a una alineación de Baltimore que atacó temprano, produjo con poder y siguió sumando hasta el final.
La victoria no cambia por sí sola toda la temporada de los Orioles, pero sí deja una imagen poderosa. Baltimore entró a uno de los estadios más difíciles de MLB, absorbió una derrota dolorosa, respondió con dos triunfos y terminó castigando a los campeones defensores. En una campaña larga, ese tipo de series puede marcar un giro emocional.







