ANAHEIM.─ Los Angelinos de Los Ángeles no esperaron demasiado para decidir el partido. Con dos carreras en el primer inning y un ataque de cinco vueltas en el segundo, el equipo californiano construyó una ventaja temprana de 7-0 y terminó venciendo 10-1 a los Astros de Houston en el Angel Stadium.
La ofensiva angelina hizo daño incluso antes de conectar con contundencia. En el primer episodio fabricó dos carreras sin imparables, aprovechando boletos, descontrol y problemas defensivos de Houston. Luego, en el segundo inning, el partido se abrió definitivamente con una explosión de cinco carreras encabezada por batazos oportunos de Wade Meckler y Jo Adell.
Oswald Peraza fue uno de los principales productores de la noche, terminando con tres carreras remolcadas. Adell y Meckler impulsaron dos cada uno, mientras Meckler además anotó tres veces, recibió tres boletos y agregó un hit, convirtiéndose en una presencia constante en las bases.
El gran perjudicado fue Kai-Wei Teng, abridor de los Astros, quien no pudo encontrar comando temprano. El derecho permitió siete carreras, cinco limpias, en cuatro entradas, con dificultades para localizar su sweeper y para ponerse arriba en los conteos. Houston quedó contra la pared demasiado rápido y nunca logró recuperarse.
Del otro lado, Walbert Ureña hizo el trabajo necesario para sostener la ventaja. Aunque tuvo tráfico constante y otorgó cinco boletos, completó cinco entradas en blanco y consiguió su tercera victoria consecutiva. Houston tuvo una gran oportunidad en el tercer inning, cuando llenó las bases sin outs, pero no pudo anotar.
Los Astros apenas produjeron una carrera, que llegó en el séptimo episodio con un sencillo remolcador de Brice Matthews. La ofensiva terminó con cinco sencillos y dejó 11 corredores en base, una muestra clara de su falta de ejecución en los momentos importantes.
La noche también dejó preocupación para los Angelinos por las lesiones. Nolan Schanuel salió por rigidez en la pantorrilla, mientras Sebastián Rivero abandonó el encuentro por una molestia en la muñeca y será sometido a estudios adicionales. Aun con la victoria amplia, el estado físico de ambos quedó como tema principal para el club.
Para los Angelinos, el triunfo cortó un tramo negativo en el que habían perdido seis de sus últimos ocho partidos. La forma fue contundente: presión desde el primer inning, paciencia en el plato, producción repartida y pitcheo capaz de escapar de los problemas.
Houston, en cambio, volvió a mostrar una tendencia preocupante: cuando recibe la primera carrera, le cuesta demasiado reaccionar. Con la derrota, los Astros cayeron a 31-38 y quedaron con marca de 8-26 en juegos donde el rival anota primero.
Los Angelinos no solo ganaron; marcaron el tono desde temprano y nunca permitieron que Houston respirara. En una temporada irregular, noches como esta sirven para recordar que su ofensiva todavía puede castigar cuando combina paciencia, velocidad y contacto oportuno.





