NUEVA YORK.─ Las Grandes Ligas entraron oficialmente en una etapa delicada de negociación laboral. Una semana después de que MLB y la Asociación de Jugadores intercambiaran sus propuestas iniciales para un nuevo convenio colectivo, el comisionado Rob Manfred defendió el plan de la liga de establecer un tope salarial y un piso salarial, asegurando que la intención no es reducir ingresos de los jugadores, sino atender el problema del equilibrio competitivo.
Manfred rechazó la versión del sindicato de que la propuesta habría costado más de US$500 millones a los peloteros si hubiera estado vigente en 2026. Según el comisionado, la propuesta inicial fue diseñada para que, en el primer año del nuevo acuerdo, los jugadores de Grandes Ligas ganen más dinero que en 2026.
El planteamiento de MLB incluye un piso salarial de US$171.2 millones y un tope de US$245.3 millones para 2027. Bajo ese sistema, 12 equipos tendrían que aumentar sus nóminas en un total combinado de US$617 millones, mientras ocho clubes deberían reducir gastos por un total de US$578 millones. Las cifras se calcularían bajo el formato del Impuesto al Balance Competitivo, que también incluye beneficios proyectados en unos US$23 millones por club.
La MLBPA mantiene una postura frontal contra cualquier sistema de tope salarial. El sindicato históricamente ha rechazado límites duros de nómina, al entender que restringen el mercado libre de los jugadores y podrían funcionar como mecanismo para contener salarios. Reuters reportó que la propuesta de MLB representa la primera presión formal por un tope duro desde el conflicto laboral de 1994.
Manfred, sin embargo, insistió en que el sistema actual no ha cumplido su objetivo. El comisionado admitió que el Impuesto al Balance Competitivo no ha funcionado como freno real para mejorar la paridad. Según MLB, en la última década casi el 80% de los equipos que llegaron a Series de Campeonato, el 85% de los participantes en Serie Mundial y el 90% de los campeones pertenecen a mercados ubicados entre los 15 más grandes.
Ese argumento será el centro del pulso. Para la liga, el desequilibrio económico entre franquicias de mercados grandes y pequeños afecta la percepción de competencia. Para el sindicato, el problema no se resuelve limitando salarios, sino atacando prácticas como equipos que reciben ingresos compartidos y aun así no invierten lo suficiente en talento. La MLBPA ha planteado alternativas como impuestos o mecanismos dirigidos a clubes de bajo gasto.
El riesgo de una disputa laboral ya empieza a sentirse. El convenio colectivo actual expira el 1 de diciembre de 2026, y si las partes no alcanzan un acuerdo, el escenario de un cierre patronal volvería a estar sobre la mesa. Manfred reconoció preocupación por una posible repetición de un conflicto como el de 1994-95, que canceló 948 juegos y dejó a MLB sin Serie Mundial por primera vez en 90 años.
El comisionado también dejó abierta la puerta a la negociación. Aunque MLB llegó con una propuesta fuerte, Manfred afirmó que todos los temas forman parte del proceso y que la liga está dispuesta a escuchar ideas, siempre que exista un marco que responda a lo que considera la mayor preocupación de los fanáticos: la falta de equilibrio competitivo.
La discusión apenas comienza, pero ya tiene todos los ingredientes de una negociación compleja: dinero, poder, paridad, libertad de mercado, presión pública y el recuerdo de conflictos laborales anteriores. MLB busca rediseñar su estructura económica; los jugadores intentarán impedir que ese rediseño limite su capacidad de negociación.
El próximo convenio colectivo será mucho más que un acuerdo administrativo. Puede definir cómo se reparte el dinero del béisbol, cómo compiten los equipos y qué tan estable será el calendario de Grandes Ligas después de 2026. Por ahora, Manfred puso sobre la mesa una propuesta ambiciosa, y la MLBPA dejó claro que no la aceptará sin una batalla fuerte.




