SAN DIEGO.─ Los Padres de San Diego encontraron una forma poco común, pero efectiva, de salir de una mala racha ofensiva. Con una estrategia agresiva de toques de bola en la séptima entrada y una gran noche de Samad Taylor, derrotaron 6-2 a los Rojos de Cincinnati en el Petco Park.
La jugada que cambió el partido llegó en el séptimo inning. Xander Bogaerts abrió la entrada con doble y Gavin Sheets siguió con otro batazo de dos bases para empatar el juego. Luego vino lo inesperado: San Diego ejecutó tres toques de bola consecutivos y Cincinnati no pudo resolver ninguno.
Primero, Jase Bowen llegó quieto con sencillo dentro del cuadro. Después, Samad Taylor también tocó la bola y produjo la carrera de la ventaja. Acto seguido, el venezolano Freddy Fermín forzó otro error defensivo con un toque, completando una secuencia de caos que dejó a los Rojos sin respuesta.
La escena resumió el nuevo enfoque de los Padres. Ante las bajas de Nick Castellanos y el dominicano Ramón Laureano, el equipo subió a Taylor y Bowen buscando más atletismo, velocidad y capacidad para generar presión. Esa apuesta funcionó justo cuando San Diego más lo necesitaba.
Taylor fue el rostro de esa transformación. Además del toque que impulsó la carrera de la ventaja, agregó un sencillo de dos vueltas en el octavo inning para ampliar el marcador a 5-2. Terminó con tres carreras impulsadas, la mayor cifra de su carrera, y también aportó defensivamente con jugadas importantes en los jardines.
Fermín también mantuvo su gran momento ofensivo. El receptor conectó jonrón por tercer juego consecutivo y luego produjo otra carrera en el octavo episodio. Su aporte desde la parte baja de la alineación le dio profundidad a un equipo que venía buscando respuestas en medio de una racha complicada.
El triunfo fue apenas el tercero de los Padres en sus últimos 14 partidos, por lo que tuvo valor más allá del marcador. San Diego no ganó con poder tradicional ni con una ofensiva explosiva, sino con ejecución, velocidad y presión constante sobre una defensa vulnerable.
Cincinnati, en cambio, volvió a mostrar señales preocupantes. Los Rojos dejaron corredores en base, fallaron en momentos clave y extendieron su mala racha a cinco derrotas consecutivas. Su ofensiva se fue de 1-7 con corredores en posición anotadora, un problema que terminó pesando tanto como los errores defensivos.
El pitcheo de San Diego también respondió cuando el partido lo exigió. Adrián Morejón trabajó 1.2 entradas en blanco para llevarse la victoria, mientras el bullpen protegió la ventaja después del rally del séptimo. En el noveno, Mason Miller cerró con autoridad ponchando a tres bateadores.
Para los Padres, la victoria dejó una lectura clara: cuando el poder no aparece, todavía pueden ganar con piernas, contacto y agresividad. Taylor y Bowen trajeron energía, Fermín siguió encendido y San Diego convirtió una noche difícil en una victoria necesaria. El juego pequeño, esta vez, fue enorme.





