SEATTLE.─ Los Marineros de Seattle siguen jugando con la confianza de un equipo que sabe ganar partidos cerrados. En un duelo definido por detalles, Víctor Robles conectó un sencillo dentro del cuadro en la décima entrada para remolcar a Randy Arozarena y darle a Seattle una victoria 3-2 sobre los Diamondbacks de Arizona, completando una barrida de tres juegos en el T-Mobile Park.
La jugada decisiva llegó con el corredor automático en segunda base. Arozarena avanzó con toque de sacrificio y luego Robles puso la pelota en juego, aprovechando una ejecución defensiva imperfecta de Arizona para provocar la carrera del triunfo. Fue el primer walk-off de la carrera del dominicano, quien después habló con MLB.com sobre la emoción de decidir el partido y cerrar la barrida.
Seattle no necesitó una ofensiva abundante, pero sí encontró poder oportuno. Cole Young y Dominic Canzone conectaron jonrones solitarios para los Marineros, dos batazos que mantuvieron el partido bajo control hasta que Arizona logró empatar en los episodios finales.
El pitcheo también fue determinante. Bryce Miller abrió por Seattle y lanzó cinco entradas en blanco, permitiendo apenas un hit y ponchando a seis bateadores. Luego, Luis Castillo cubrió cinco innings de relevo con solo dos hits permitidos y terminó acreditándose la victoria, una labor poco común por su extensión e importancia en un juego de entradas extras.
Arizona, sin embargo, no se fue sin pelear. Los Diamondbacks igualaron el marcador dos veces: primero en la sexta entrada, aprovechando un error de tiro y un lanzamiento descontrolado, y luego en el octavo episodio con un sencillo corto y un elevado de sacrificio. Aun así, no lograron completar la remontada ni evitar la barrida.
El triunfo extendió a seis la racha de victorias de los Marineros y reforzó su posición como líderes del Oeste de la Liga Americana. Después de ganar también el sábado con una ofensiva de cuatro jonrones, Seattle cerró la serie mostrando otra faceta: menos poder, más ejecución y capacidad para resolver bajo presión.
Para Arizona, la derrota representó un cierre frustrante a una serie en la que le faltó contundencia en los momentos decisivos. Para Seattle, en cambio, fue otra señal de madurez competitiva: buen pitcheo, defensa suficiente, turnos productivos y un Robles que apareció justo cuando el juego pedía contacto y velocidad.
La barrida deja a los Marineros en un gran momento anímico. No todos los triunfos llegan con batazos largos o marcadores cómodos; algunos se construyen con una pelota bien puesta, presión en las bases y ejecución. Esta vez, Robles fue quien puso el sello final.






