Justin Verlander tendrá una última celebración en el escenario de las estrellas. El derecho de los Tigres de Detroit fue seleccionado por el Comisionado Rob Manfred como “Leyenda” para el Juego de Estrellas 2026, un reconocimiento a una carrera que lo coloca entre los grandes lanzadores de la era moderna.
El anuncio llegó acompañado de una noticia todavía más significativa: Verlander confirmó que esta será su última temporada en Grandes Ligas. A los 43 años, el tres veces ganador del Premio Cy Young y dos veces campeón de la Serie Mundial comenzará el cierre formal de una trayectoria de 21 campañas.
La designación como “Selección de Leyenda” le dará a Verlander una despedida especial en el Clásico de Media Temporada del próximo martes en Filadelfia. Aunque actualmente se encuentra en la lista de lesionados de 60 días por molestias en la cadera y la corva, su presencia en el evento servirá como homenaje a todo lo que ha representado para el béisbol.
Verlander se une a Bryce Harper, de los Filis, como las selecciones especiales del Comisionado para esta edición del Juego de Estrellas. En el caso del lanzador, el reconocimiento tiene un peso histórico por el alcance de sus logros y por la influencia que tuvo durante más de dos décadas.
Será su décima convocatoria al Juego de Estrellas y la primera con el uniforme de los Tigres desde 2013. Ese detalle le da un valor emocional adicional, porque Verlander terminará su carrera en la misma organización donde todo comenzó.
El propio lanzador explicó que no quería retirarse por un número, una fecha o un hito específico. Quería que el juego le indicara cuándo era el momento. Según sus palabras, en los últimos meses entendió que ese momento había llegado.
La frase resume el tono de su despedida. Verlander no se va empujado únicamente por la edad, sino por la conciencia de haber llegado al cierre natural de una carrera extraordinaria. Y lo hará con Detroit, la franquicia que lo seleccionó en el Draft y lo convirtió en una estrella.
Verlander fue tomado por los Tigres con la segunda selección general del Draft amateur de 2004. Dos años después, irrumpió en MLB con una temporada de 17 victorias que ayudó a llevar a Detroit a la Serie Mundial y le valió el premio al Novato del Año de la Liga Americana.
Desde entonces, su carrera fue una mezcla de poder, resistencia, dominio y ambición competitiva. Durante años, Verlander representó el perfil del abridor clásico: un lanzador capaz de trabajar profundo en los juegos, acumular entradas y mantener velocidad incluso en los tramos finales.
Su temporada de 2011 sigue siendo una de las más recordadas para un pitcher moderno. Ese año terminó con marca de 24-5, efectividad de 2.40 y 250 ponches en 251 entradas. Ganó la Triple Corona de pitcheo de la Liga Americana, el Cy Young de forma unánime y también el premio al Jugador Más Valioso.
Ese logro lo colocó en un grupo especial. Verlander no solo fue dominante; fue tan determinante que logró imponerse en una época donde los lanzadores abridores rara vez ganaban el premio de JMV.
A lo largo de su carrera acumuló 3,554 ponches, cifra que lo ubica octavo en la historia de Grandes Ligas. También registra marca vitalicia de 266 victorias y 159 derrotas, números que fortalecen su candidatura casi segura al Salón de la Fama.
Otro elemento clave de su legado son sus tres juegos sin hit ni carrera. Verlander logró dos con los Tigres, en 2007 y 2011, y otro con los Astros en 2019. Apenas un grupo muy reducido de lanzadores en la historia ha conseguido al menos tres no-hitters.
Su carrera también tuvo una etapa decisiva en Houston. Con los Astros, Verlander ganó títulos de Serie Mundial en 2017 y 2022, y añadió nuevos capítulos de excelencia en una edad en la que muchos lanzadores ya habían dejado atrás su mejor versión.
Esa segunda etapa lo ayudó a ampliar su legado. No fue simplemente un as de juventud con Detroit; fue también un veterano capaz de reinventarse, liderar rotaciones contendientes y seguir compitiendo al máximo nivel.
En postemporada, Verlander también dejó una marca profunda. Lanzó 226 entradas en octubre, ganó 17 juegos y fue parte de múltiples recorridos de alto impacto. Su presencia en playoffs se volvió casi habitual durante buena parte de su carrera.
La longevidad fue una de sus grandes señas. Desde joven hablaba de lanzar hasta bien entrados sus 40 años, y terminó cumpliendo esa meta. En un béisbol cada vez más exigente físicamente, Verlander extendió su vigencia más allá de lo normal.
Por eso su despedida no se sentirá como la salida de un jugador cualquiera. Verlander fue uno de los rostros del pitcheo de su generación, un lanzador que combinó fuerza, inteligencia, durabilidad y momentos históricos.
Detroit tendrá ahora la oportunidad de despedirlo en casa. Después del homenaje en el Juego de Estrellas, la gira final continuará en Comerica Park, donde los fanáticos de los Tigres podrán reconocer a uno de los grandes íconos de la franquicia.
El paralelo con Miguel Cabrera es inevitable. El venezolano también fue distinguido como selección especial del Comisionado en 2022 y tuvo después su propia despedida con Detroit. Ahora Verlander seguirá un camino similar, cerrando una era compartida por dos figuras gigantes de los Tigres.
Para MLB, su presencia en el Juego de Estrellas representa un homenaje a una forma de pitchear que parece cada vez más escasa. Verlander fue abridor de carga pesada, competidor feroz y protagonista de noches completas, una figura que conectó distintas generaciones del juego.
El retiro al final de la temporada no borra el deseo competitivo que lo definió. Verlander dejó claro que seguirá comprometido con darle todo a su equipo hasta el último día. Pero ya sabe que el final está cerca.
Cuando llegue ese último momento, quedará una carrera digna de Cooperstown: Cy Youngs, Serie Mundiales, un JMV, un Novato del Año, tres no-hitters, más de 3,500 ponches y una reputación construida sobre excelencia sostenida.
Justin Verlander entregará la pelota al final de la temporada, pero su nombre permanecerá entre los grandes. El Juego de Estrellas será apenas el primer gran aplauso de una despedida que el béisbol le debía.







