Los Medias Rojas de Boston siguen encendidos y ya convirtieron su buen momento en una racha con peso histórico. Con una sólida apertura de Sonny Gray y un jonrón clave de Willson Contreras, vencieron 6-1 a los Rays en Fenway Park y alcanzaron su victoria número 13 de manera consecutiva.
El triunfo completó una barrida de cuatro juegos sobre Tampa Bay, líder de la División Este de la Liga Americana, y confirmó que Boston atraviesa su mejor tramo en décadas. La racha iguala la segunda más larga en la historia de la franquicia y representa la primera de 13 triunfos seguidos para los Medias Rojas desde 1948.
Lo que hace todavía más llamativo el momento es la forma en que Boston ha logrado cambiar el rumbo de su temporada. A finales de junio, el equipo parecía cerca de quedar fuera de la pelea. Ahora, con marca de 18-2 en sus últimos 20 partidos, volvió a instalarse con fuerza en la conversación competitiva.
El equipo dirigido por el piloto interino Chad Tracy ha encontrado una identidad clara: pitcheo abridor confiable, bateo oportuno, buena energía y una sensación creciente de confianza colectiva.
Gray fue el encargado de marcar el tono desde la lomita. El veterano derecho trabajó seis entradas, permitió cinco hits, una carrera, otorgó cuatro boletos y ponchó a ocho bateadores en una salida que volvió a demostrar su valor dentro de la rotación.
Aunque no tuvo un inicio completamente limpio, Gray supo manejar el tráfico en las bases. En los primeros episodios tuvo que trabajar bajo presión, pero limitó el daño y evitó que los Rays construyeran un rally grande.
La única carrera que permitió llegó por un jonrón de piernas del cubano Víctor Mesa Jr. Después de ese golpe, el abridor ajustó, encontró mejor ritmo y dominó con autoridad el tramo final de su presentación.
En sus últimos tres innings, Gray enfrentó a apenas 10 bateadores y permitió solo un imparable. Esa capacidad para estabilizarse durante el partido fue una de las claves de la victoria.
La salida representó su novena apertura de calidad consecutiva, igualando la segunda racha más larga de su carrera. También fue la primera seguidilla de ese tipo para un lanzador de Boston desde Chris Sale en la temporada de campeonato de 2018.
Ese dato coloca el momento de Gray en un contexto importante. No se trata solo de una buena salida aislada, sino de una consistencia que ha sostenido a los Medias Rojas durante su ascenso reciente.
Boston también recibió ayuda de una ofensiva que aprovechó cada oportunidad. La parte baja del tercer inning fue el ejemplo perfecto de un equipo al que todo le está saliendo bien.
Los Medias Rojas anotaron tres carreras en ese episodio sin conectar un hit. La ventaja llegó por un passed ball, luego ampliaron con una jugada de selección y un tiro desviado al plato, y más tarde sumaron otra vuelta con una nueva jugada de contacto.
Ese rally poco convencional reflejó el momento del equipo. Cuando una novena está en racha, no siempre necesita grandes batazos para fabricar carreras. A veces basta con presión, velocidad, contacto y errores provocados por el rival.
Aun así, el gran golpe ofensivo llegó en el quinto inning. Willson Contreras conectó un jonrón de dos carreras hacia el jardín derecho-central y amplió la ventaja de Boston a 6-1.
El batazo fue especialmente importante porque el bullpen había sido exigido durante los días anteriores. Después de una doble cartelera y una victoria ajustada el sábado, Boston necesitaba margen para administrar mejor sus brazos de relevo.
Contreras se encargó de dar ese respiro. Su cuadrangular superó el bullpen local y terminó en las gradas, con una distancia proyectada de 414 pies según Statcast.
Fue el jonrón número 22 de la temporada para el venezolano, quien continúa teniendo una campaña de impacto en su primera etapa con los Medias Rojas.
Contreras ha aportado energía, poder y carácter a una alineación que ha encontrado profundidad en el momento justo. Su presencia en el medio del orden ofensivo le ha dado a Boston una amenaza constante.
El batazo también confirmó que su poder no depende únicamente del Monstruo Verde. Esta vez castigó la pelota hacia la banda contraria y la mandó lejos, demostrando fuerza real hacia todo el terreno.
Para los Rays, la derrota fue doblemente dolorosa. No solo cayeron ante un rival directo, sino que fueron barridos en una serie de cuatro juegos que puede tener impacto en la pelea divisional.
Tampa Bay llegó a Fenway como líder del Este, pero salió golpeado por un Boston que jugó con intensidad de equipo aspirante. La barrida puede cambiar el tono de la carrera en la división.
Los Medias Rojas, en cambio, salieron reforzados. Cada victoria durante la racha ha ido construyendo algo más que una buena marca: ha construido credibilidad.
Ya no se trata de una reacción pasajera. Trece triunfos seguidos obligan a mirar a Boston de otra manera. El equipo pasó de duda a amenaza real en cuestión de semanas.
La gestión de Tracy también empieza a ganar atención. La racha es la más larga para un dirigente que no comenzó la temporada al frente de un equipo desde 1991, un dato que resalta el impacto del cambio de mando en el clubhouse.
Boston parece jugar con otra energía. Los turnos tienen más paciencia, el pitcheo responde y el grupo luce convencido de que todavía puede hacer ruido en la temporada.
El calendario ahora llevará a los Medias Rojas a una serie de tres juegos contra los Orioles, donde buscarán extender aún más una racha que ya forma parte de la historia moderna de la franquicia.
El reto será sostener la intensidad. Las rachas largas suelen exigir algo más que talento: requieren concentración diaria, salud, profundidad y capacidad para no relajarse.
Pero por ahora, Boston no muestra señales de freno. Gray sigue lanzando como un abridor de alto nivel, Contreras sigue produciendo en momentos importantes y el equipo ha encontrado una fórmula ganadora.
La victoria 6-1 sobre Tampa Bay fue otra muestra de autoridad. Los Medias Rojas dominaron desde el pitcheo, aprovecharon errores, golpearon con poder y completaron una barrida que puede marcar un antes y un después en su temporada.
La racha ya es histórica. Y si Boston mantiene este ritmo, podría convertirse en algo todavía más grande: el punto de partida de una segunda mitad inolvidable.







