Los Rojos de Cincinnati recibieron una de las noticias más duras posibles para su rotación y para el futuro inmediato de la franquicia.
Hunter Greene se sometió a una segunda cirugía Tommy John para reparar el ligamento colateral cubital de su codo derecho, un procedimiento que termina su temporada 2026 y podría dejarlo fuera durante la mayor parte, si no toda, la campaña 2027.
La operación confirma el peor escenario para un lanzador que ya había tenido una cirugía Tommy John en 2019, cuando aún estaba en ligas menores.
Greene también había pasado por una cirugía artroscópica el 11 de marzo de este año para remover fragmentos óseos del mismo codo, por lo que su 2026 ya venía marcado por una recuperación delicada.
El equipo había anunciado días atrás que el derecho necesitaría una operación, pero la magnitud exacta del procedimiento no se conoció hasta que los médicos entraron al quirófano.
El diagnóstico final fue contundente: nueva reconstrucción del ligamento.
Para Cincinnati, la baja representa un golpe enorme.
Greene, de 27 años, ha sido una de las piezas más talentosas y electrizantes del cuerpo monticular de los Rojos. Su recta de alto voltaje, su capacidad de ponchar y su perfil de abridor dominante lo han convertido en una figura central del proyecto.
Pero las lesiones han frenado repetidamente su crecimiento.
Desde su debut en Grandes Ligas en 2022, Greene ha pasado por la lista de lesionados en cada una de sus cinco temporadas en MLB. Esa continuidad interrumpida ha sido el gran obstáculo de una carrera que, por talento puro, siempre ha proyectado como la de un as.
El presidente de operaciones de béisbol de los Rojos, Nick Krall, explicó que Greene había sentido molestias intermitentes durante un par de semanas, aunque en principio pensó que podían estar relacionadas con la recuperación de la cirugía previa para remover fragmentos óseos.
La situación cambió cuando reportó dolor durante una sesión de bullpen el 4 de agosto.
Un día después visitó al ortopedista del equipo, el Dr. Tim Kremchek, y se sometió a una resonancia magnética. Luego viajó a Los Ángeles para buscar una segunda opinión con el Dr. Neal ElAttrache.
Finalmente, ambos caminos llevaron a la misma conclusión: había que operar.
La segunda Tommy John suele ser un proceso más complejo que la primera. Los tiempos de recuperación pueden variar, pero la expectativa de perderse la mayor parte o toda la temporada siguiente refleja la magnitud del desafío que enfrentará Greene.
Para los Rojos, el impacto será deportivo y estratégico.
Cincinnati pierde a un abridor de primera línea para el resto de 2026 y probablemente no podrá contar con él en 2027. Eso obliga a replantear la rotación, la planificación de cargas, el mercado de lanzadores y el desarrollo interno de brazos jóvenes.
Greene había mostrado en años anteriores por qué el club lo considera una pieza especial.
En 2024 alcanzó sus topes personales con 150.1 entradas, 26 aperturas y 169 ponches, además de recibir su única convocatoria al Juego de Estrellas. Esa temporada parecía indicar que su físico empezaba a acompañar su talento.
En 2025, aunque también pasó dos veces por la lista de lesionados por una distensión grado 1 en la ingle derecha, dejó marca de 7-4 con efectividad de 2.76 en 19 aperturas y 132 ponches en 107.2 entradas.
Esos números reforzaban su valor cuando estaba saludable.
El problema ha sido mantenerse en el terreno.
La nueva cirugía reabre preguntas difíciles sobre su futuro inmediato, aunque no borra su talento ni su edad. A los 27 años, Greene aún tiene margen para volver, pero el camino será largo y exigente.
Los Rojos deberán acompañarlo con paciencia.
Para un lanzador que depende en parte de una recta poderosa, la recuperación no se mide solo en volver a lanzar. También implica recuperar confianza, comando, mecánica, fuerza y capacidad para repetir salidas cada cinco días.
Ese proceso puede ser mentalmente tan duro como físicamente.
Greene ya conoce el camino de una Tommy John. Pero repetirlo después de haber llegado a Grandes Ligas, haberse consolidado y haber cargado expectativas de as es un reto diferente.
La franquicia también deberá tomar decisiones alrededor de su ausencia.
Cincinnati no puede planificar 2027 asumiendo que Greene estará disponible desde temprano. Eso podría llevar al equipo a buscar brazos externos, acelerar prospectos o redistribuir roles dentro del staff.
La lesión también afecta el techo competitivo del club.
Un equipo con Greene sano tiene una rotación con más poder, más ponches y más margen en series importantes. Sin él, los Rojos pierden una carta de alto impacto.
La noticia es especialmente frustrante porque llega después de una cirugía previa en marzo, cuando la esperanza era que retirar los fragmentos óseos permitiera al derecho avanzar sin problemas mayores.
Pero el codo volvió a presentar señales de alarma.
Ahora comienza otra etapa.
Para Greene, el objetivo será recuperarse sin prisa, reconstruir su brazo y volver a demostrar que puede ser el lanzador dominante que Cincinnati imaginó cuando lo seleccionó con el segundo turno global del Draft de 2017.
Para los Rojos, el reto será competir y planificar sin una de sus figuras principales.
La historia de Greene todavía no termina, pero acaba de entrar en uno de sus capítulos más difíciles.
Cincinnati pierde a su as para lo que queda de 2026.
Y el 2027 queda, por ahora, en suspenso.







