Los Rojos de Cincinnati siguen aprovechando el impulso de la segunda mitad de la temporada. Con cuatro jonrones, una salida sólida de Andrew Abbott y una ofensiva que respondió en momentos clave, Cincinnati venció 6-5 a los Atléticos y completó su primera barrida como local del año.
El triunfo tuvo valor doble. No solo permitió a los Rojos cerrar una serie perfecta en el Great American Ball Park, sino que también confirmó el buen momento del equipo desde el receso del Juego de Estrellas.
Cincinnati mejoró a 13-6 desde la pausa, una señal de que el club ha encontrado ritmo en un tramo donde cada victoria pesa más. Para un equipo que busca mantenerse competitivo, barrer en casa representa más que una simple serie ganada: es una muestra de control y crecimiento.
La tarde comenzó con poder inmediato. El dominicano Elly De La Cruz abrió el marcador en el primer inning con un jonrón solitario hacia la banda contraria, castigando un cambio de Mason Barnett y enviando la pelota a las gradas del jardín izquierdo.
Fue el jonrón número 19 de la temporada para De La Cruz y su segundo cuadrangular abriendo un partido en 2026. El batazo marcó el tono de una jornada en la que Cincinnati volvió a demostrar que tiene múltiples fuentes de poder.
La ventaja de 1-0 se mantuvo hasta el cuarto episodio, cuando los Atléticos lograron reaccionar ante Abbott. Después de que el zurdo enfrentara al mínimo de bateadores durante los primeros tres innings, Oakland armó una amenaza con sencillos consecutivos de Henry Bolte y Tommy White.
Luego de un boleto a Jonah Heim, Tyler Soderstrom conectó sencillo al jardín central para poner arriba a los Atléticos 2-1. Max Muncy añadió otra carrera con un imparable y Lawrence Butler produjo la tercera con una roleta que fue revisada y modificada por los árbitros.
De pronto, Cincinnati estaba abajo 3-1. Pero los Rojos no tardaron en responder.
En la parte baja del cuarto, Sal Stewart y Tyler Stephenson conectaron jonrones solitarios para empatar el juego. La respuesta fue inmediata, contundente y reflejó la confianza con la que Cincinnati está jugando en esta etapa.
El batazo de Stewart tuvo un significado especial. Fue su cuadrangular número 25 de la temporada, con lo que superó a Joey Votto y quedó solo en el segundo lugar histórico de jonrones para un novato de los Rojos.
El récord de la franquicia sigue en manos de Frank Robinson, quien conectó 38 jonrones como novato en 1956. Estar en esa conversación coloca a Stewart en una dimensión importante dentro de la historia reciente de Cincinnati.
Para los Rojos, ver a un novato producir con ese poder es una señal enorme. Stewart no solo está aportando; está construyendo una temporada que ya empieza a tener peso histórico dentro del club.
Stephenson, por su parte, completó el golpe del cuarto inning con otro jonrón solitario. Su batazo devolvió el equilibrio al marcador y evitó que Oakland tomara control emocional del partido.
Ese fue uno de los puntos más importantes del juego. Los Atléticos habían logrado cambiar la historia en la parte alta del inning, pero Cincinnati respondió de inmediato y les quitó el impulso.
En el quinto episodio, los Rojos volvieron a presionar. Barnett llenó las bases sin poder salir del problema, y el relevista dominicano Elvis Alvarado entró en una situación complicada.
Cincinnati aprovechó la oportunidad con paciencia. El venezolano Eugenio Suárez y Dane Myers negociaron boletos consecutivos con las bases llenas, produciendo dos carreras que pusieron a los Rojos nuevamente al frente.
No fueron batazos espectaculares, pero fueron turnos decisivos. En una jornada marcada por jonrones, esas bases por bolas tuvieron el mismo valor que cualquier swing grande.
La ofensiva de Cincinnati mostró así dos caras. Puede hacer daño con poder, pero también puede producir con disciplina cuando el pitcheo rival pierde la zona.
JJ Bleday añadió otro cuadrangular para completar la lista de cuatro jonrones de los Rojos en el partido. Con esos cuatro batazos, Cincinnati elevó su total de la temporada a 150 vuelacercas.
Según las proyecciones citadas por el reporte, el equipo va camino a terminar con 215 jonrones, una cifra que reflejaría una ofensiva mucho más poderosa de lo que muchos anticipaban.
El poder se ha convertido en una herramienta importante para Cincinnati. En un estadio favorable para los batazos largos, contar con una alineación capaz de sacar la pelota desde distintos turnos puede marcar diferencias.
Pero el triunfo no se explica solo con la ofensiva. Andrew Abbott también tuvo un papel central.
El zurdo permitió tres carreras y siete hits en 6.2 entradas, con cuatro ponches y dos boletos. No fue una salida perfecta, pero sí fue una apertura de calidad y, sobre todo, una actuación que le permitió al bullpen trabajar con una ruta más clara.
Abbott consiguió su primera victoria desde el 20 de junio, un dato importante para un lanzador que necesitaba volver a sumar en la columna de triunfos.
Para Cincinnati, su estabilidad es clave. En la recta final, los equipos necesitan abridores que puedan entregar seis o más entradas y evitar que el bullpen se desgaste demasiado.
Abbott cumplió ese papel ante Oakland. Después del tropiezo en el cuarto inning, no se derrumbó. Se mantuvo competitivo, siguió lanzando y permitió que los Rojos retomaran el control del juego.
El cierre, sin embargo, tuvo algo de tensión. Brock Burke permitió un jonrón de dos carreras de Brian Serven en el noveno inning, acercando a los Atléticos 6-5 y dándole suspenso al final.
Pero Burke logró retirar los últimos tres outs y se apuntó su segundo salvamento en igual número de oportunidades esta temporada.
El susto no cambió el resultado. Cincinnati cerró el partido, completó la barrida y sostuvo una victoria que parecía controlada antes de complicarse en el último episodio.
Para los Atléticos, la derrota extendió una caída preocupante. Oakland perdió su octavo juego consecutivo y acumula 24 derrotas en sus últimos 28 partidos desde el 3 de julio.
El calendario tampoco les dará respiro. Después de salir de Cincinnati, los Atléticos deberán visitar a los Medias Rojas de Boston, actualmente uno de los equipos más encendidos del béisbol.
Esa combinación de mala racha y calendario exigente coloca a Oakland en una situación complicada. El equipo necesita respuestas rápidas, especialmente desde el pitcheo, que volvió a ser castigado en momentos clave.
Mason Barnett cargó con la derrota tras permitir cinco carreras y cinco hits en 4.1 entradas. Aunque ponchó a siete, sus tres boletos y la incapacidad para salir del quinto inning terminaron pesando.
El problema para los Atléticos no fue solo permitir jonrones. También fue regalar oportunidades en el momento más delicado del juego.
Los Rojos aprovecharon ambas cosas.
Cincinnati terminó su estadía en casa con marca de 7-3, un resultado muy positivo para un equipo que busca sostener impulso en la pelea de la Liga Nacional.
Barrer a un rival en casa siempre ayuda, pero hacerlo con poder, producción de novatos y una salida sólida de un abridor importante ofrece una lectura todavía más alentadora.
Elly De La Cruz volvió a mostrar su impacto desde el primer turno. Sal Stewart siguió escribiendo una temporada especial como novato. Stephenson añadió fuerza desde la receptoría. Bleday completó la fiesta de jonrones. Abbott encontró una victoria necesaria.
Fue un triunfo de varias capas.
Los Rojos ganaron con estrellas jóvenes, con profundidad ofensiva, con paciencia en momentos críticos y con un abridor que volvió a responder.
Ese tipo de combinación es la que puede sostener a un equipo en agosto y septiembre.
La barrida también sirve como mensaje interno. Cincinnati ha demostrado que puede aprovechar series contra equipos en crisis y convertirlas en impulso propio. En una carrera apretada, no dejar escapar esas oportunidades puede ser determinante.
La temporada aún no está resuelta, pero los Rojos están jugando con una energía distinta desde el receso.
Tienen poder. Tienen juventud. Tienen velocidad. Y cuando el pitcheo acompaña, pueden convertirse en un rival muy incómodo.
La victoria 6-5 ante los Atléticos fue más ajustada de lo que parecía en algunos momentos, pero el resultado final mantuvo intacto el mensaje: Cincinnati está encendido.
Los Rojos conectaron cuatro jonrones, completaron su primera barrida como locales y siguieron construyendo una segunda mitad que empieza a generar expectativa.
En una temporada donde cada serie cuenta, Cincinnati hizo exactamente lo que debía hacer.
Ganó. Barrió. Y volvió a demostrar que su ofensiva puede cambiar cualquier juego con un solo swing.







